¿Se equivoca Tatiana con Nuevo León?
Sección Editorial
- Por: Eloy Garza
- 26 Junio 2026, 04:59
La dirigenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, viajó misteriosamente a Monterrey el pasado 13 de junio.
Se reunió sin prensa con aspirantes a la gubernatura, legisladores y alcaldes de Morena.
El objetivo era meter orden en la bancada y entre los aspirantes de Nuevo León de cara al proceso interno rumbo a 2027.
Versiones que circulan en ámbitos bien informados aseguran que, en plena junta, Tatiana Clouthier se levantó enfadada. Pidió adelantar el orden del día para enfocar la discusión directamente en Mario Soto. Tatiana tenía prisa porque la esperaba un evento con abogados. Ariadna encaró la descortesía y se negó a modificar el orden del día. Clouthier abandonó airada la reunión.
Eso no fue un malentendido. Fue la decisión de alguien cuya agenda personal —según su impresión— vale más que el partido y más que la autoridad de la dirigencia nacional.
Hay quienes calificaron esta actitud de Tatiana como soberbia.
Y el mismo patrón se repite ahora con la inscripción de quienes aspiran a coordinar la defensa de la 4T en Nuevo León. Ayer, los consabidos aspirantes de Nuevo León se inscribieron de manera presencial en el World Trade Center de la Ciudad de México. Esas eran las reglas. Pero Tatiana anunció que lo haría en línea, desde Monterrey. ¿Por austeridad o por mandar un mensaje al partido? Tatiana daba así a entender: “yo no me pliego. Yo decido cómo y cuándo participo”.
El mayor sociólogo de la historia, Max Weber, decía que el poder que solo se basa en el carisma personal, o en lo que se supone que es carisma, no perdura.
Lo que sostiene una ecuación electoral exitosa es influir en la gente porque la mayoría cree —con buen o mal tino, ese es otro asunto— que tienes derecho a mandar. Y para lograrlo, Weber decía que hacen falta tres condicionantes: reglas claras, instituciones que funcionen como contrapeso y una ética de responsabilidad que obligue a medir las consecuencias de lo que se hace.
Tatiana está jugando todo a la carta del carisma puro, del voluntarismo puro. Se presenta como la única preparada, la única honesta, la única que renunció de verdad a su cargo. Eso puede generar adhesión emocional en algunos seguidores suyos. Pero la aritmética no da.
Weber es claro: el carisma sin instituciones que lo acoten se convierte en caudillismo. Y el caudillismo, por mucho que se vista de transformación, siempre termina fracturando lo que dice querer construir.
Porque abandonar la reunión con Ariadna Montiel en Monterrey y negarse a ir al World Trade Center de la Ciudad de México para la inscripción no son dos hechos aislados. Derivan de la misma impresión: la de quien asume que las reglas del partido son opcionales cuando estorban. Eso significa configurar un diseño voluntarista al que no se encuadra el resto de los aspirantes.
Weber hablaba de la ética de la responsabilidad. No basta con decir “yo soy honesta, soy la más preparada, yo conozco el estado, yo nunca robé”. La política real exige que uno se pregunte qué pasa cuando una figura de primer nivel se sale de una reunión con la dirigencia nacional y decide hacer las cosas por su cuenta. Pasa lo que ya estamos viendo: crisis interna, falta de unidad, fragmentación.
En un estado donde Morena necesita sumar fuerzas, no restarlas, esto no es estrategia; es ego.
Weber vio cómo un liderazgo fuerte y carismático, sin contrapesos reales, sin balances, termina abriendo la puerta al desastre.
¿La moraleja? Se necesitan líderes con carácter para romper inercias. Pero si ese carácter trata los procesos colectivos como obstáculos, lo que se concibe no es transformación, sino división. Y la división, en política, siempre se termina pagando caro.
Lo que contrapone Tatiana Clouthier no es de índole independentista: es desacato. No es liderazgo carismático; es, con nitidez, voluntarismo. Y Weber ya advirtió lo que pasa cuando eso ocurre: el proyecto se debilita por dentro mucho antes de que llegue cualquier elección.
¿La misma vieja historia de personalismos que se forjan en detrimento de la urdimbre partidista?
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