En días pasados concluyó el registro de las y los aspirantes a las Coordinaciones Estatales para la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional.
Un total de 277 mujeres y hombres decidieron participar en este ejercicio que abrió nuestro movimiento para construir, desde la democracia y la transparencia, el rumbo de cada estado.
El pasado jueves 25 de junio me correspondió registrarme para representar a Nuevo León. Y quiero decirles que, además de emoción, sentí una enorme responsabilidad.
Cuando uno decide dar un paso al frente, no piensa en un cargo, piensa en las personas. Piensa en las familias que todos los días se levantan temprano para trabajar, en quienes hacen largas filas para tomar el transporte, en quienes quieren emprender, en quienes esperan vivir en paz y en los jóvenes que sueñan con un futuro sin tener que dejar la tierra donde nacieron.
Mientras realizaba mi registro recordé cada municipio que he recorrido, recordé a las madres que me han hablado de sus hijos, a los adultos mayores, que piden ser escuchados y a tantas personas que, a pesar de las dificultades, no han perdido la esperanza. Por ellas vale la pena participar y por ellas vale la pena creer que las cosas pueden hacerse mejor.
Siempre he pensado que la política sólo tiene sentido cuando sirve para mejorar la vida de la gente; lo demás pasa a segundo término.
Por eso me llena de orgullo pertenecer a un movimiento que abre sus puertas a quienes desean participar. Un movimiento que entiende que la democracia se fortalece cuando hay reglas claras, cuando existe apertura y cuando nadie tiene asegurado un lugar por anticipado.
Pero hoy quiero hablarles más de Nuevo León. Nuestro estado vive un momento decisivo. Somos un pueblo trabajador, creativo, solidario y capaz de superar cualquier adversidad. Lo hemos demostrado una y otra vez. Sin embargo, también sabemos que hay familias preocupadas por la inseguridad, por la movilidad, por el agua, por la calidad del aire y por el futuro de sus hijos. Esas preocupaciones son reales y merecen respuestas, no likes.
Creo que la transformación puede llegar a Nuevo León sin perder aquello que nos hace únicos. Debe construirse sobre nuestros valores, sobre la cultura del esfuerzo, sobre el talento de nuestra gente y sobre esa capacidad que tenemos para levantarnos una y otra vez.
No creo en un proyecto que divida a las y los nuevoleoneses entre quienes piensan igual y quienes piensan diferente. Creo en un proyecto donde todos tengan un lugar: donde una empresaria, un obrero, una maestra, un agricultor, un estudiante o una madre de familia puedan sentirse parte de un Nuevo León que siga creciendo, pero que ese crecimiento también se traduzca en bienestar para todas y todos.
No se trata de cambiar la esencia de Nuevo León. Se trata de que el progreso llegue a más hogares; de que una familia pueda vivir con tranquilidad; que nuestros jóvenes encuentren aquí las oportunidades; que nadie tenga que elegir entre salir adelante o quedarse cerca de quienes ama.
Por eso decidí participar. Porque conozco este estado, porque lo he caminado durante muchos años, porque he escuchado sus preocupaciones, pero también sus enormes fortalezas.
Y porque sigo creyendo que el futuro se construye escuchando más y confrontando menos; sumando más y descalificando menos; trabajando más y prometiendo menos.
El proceso apenas comienza y, por supuesto, respetaré cada una de sus etapas.
Mientras tanto, seguiré haciendo lo que he hecho toda mi vida: recorrer Nuevo León, escuchar a su gente y trabajar para encontrar soluciones.
Cuando un estado recupera la confianza en sí mismo, no hay desafío que pueda detenerlo.
Y yo creo profundamente que lo mejor para Nuevo León todavía está por venir.
