Se lo advertí a Andrea Chávez en Monterrey
Sección Editorial
- Por: Eloy Garza
- 22 Julio 2026, 04:59
En una visita a Nuevo León, Andrea Chávez acompañó a Adán Augusto López.
Hablé con la ahora senadora durante aquella gira.
En esos días su nombre comenzaba a sonar en las altas esferas de Morena como posible aspirante a la gubernatura de Chihuahua.
Le advertí, sin embargo, que sus aspiraciones estaban en entredicho. No lo tomó a mal. Al menos no me lo demostró.
Las acusaciones que ya circulaban sobre el uso de vuelos de la Guardia Nacional para traslados personales y familiares —incluido el relacionado con su informe de actividades en Juárez—, el vehículo blindado y los accesos a salones VIP, serían utilizadas más temprano que tarde en su contra.
Tal como se lo advertí, así sucedió.
En un estado donde Morena busca competir contra el PAN, esa carga de señalamientos por opacidad y uso de recursos públicos debilitaría su perfil.
Durante aquella misma visita, Adán Augusto López había criticado públicamente al gobernador Samuel García.
A finales de 2022, en el Palacio de Cantera, lo acusó de rechazar a la Guardia Nacional. La reunión también abordó la reorganización de la Fuerza Civil, el refuerzo de la Guardia Nacional en Nuevo León y el trasvase de agua de la presa El Cuchillo hacia Tamaulipas.
Le advertí a Andrea que vendrían complicaciones para Adán Augusto. Esa crítica —o vaticinio— le gustó menos que la dirigida hacia ella.
Las acusaciones que ya había revelado yo en columnas previas, incluyendo temas personales, afectaban su posición como secretario de Gobernación.
Posteriormente fuimos de las primeras columnas en medios en abordar el caso de La Barredora. Las cosas subieron de tono.
Según las filtraciones de Guacamaya Leaks de la Sedena, Hernán Bermúdez Requena —designado secretario de Seguridad Pública de Tabasco durante la influencia de Adán Augusto en ese estado— aparecía como presunto líder de La Barredora, una célula del Cártel Jalisco Nueva Generación dedicada al huachicol, la extorsión y el secuestro.
Bermúdez, conocido como “Comandante H”, intervenía presuntamente en disputas entre grupos criminales y daba órdenes de ejecución mientras ocupaba el cargo público.
Bermúdez fue señalado en investigaciones de la FGR en Tabasco. En febrero de 2025 se emitió orden de aprehensión en su contra por asociación delictiva, secuestro y extorsión. En septiembre de 2025 fue detenido en Paraguay tras permanecer prófugo.
Adán Augusto defendió el nombramiento argumentando que Bermúdez había logrado reducción de secuestros y extorsiones durante su gestión. La defensa lo hundió más.
Cuando varios lo cuestionamos, respondió que “las mentiras me tienen sin cuidado”.
Las advertencias recientes del director de la DEA, Terry Cole, tras la sentencia contra Ismael “El Mayo” Zambada —en el sentido de que se actuará contra funcionarios mexicanos vinculados con el narcotráfico— indican que se perseguirá a los responsables del crimen organizado. Eso podría alcanzar tanto a Adán Augusto por sus supuestos vínculos en Tabasco con La Barredora, como a Rocha Moya, por sus presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa.
Ayer, la presidenta Sheinbaum abordó en su mañanera la sentencia de cadena perpetua contra “El Mayo” en Estados Unidos.
Se valió del tema para reiterar que acercarse al crimen organizado significa acercarse a la muerte, a una vida de penuria y maltrato.
Estos episodios muestran que figuras con aspiraciones políticas cargan señalamientos de opacidad, uso de recursos públicos y nombramientos que terminan asociados a estructuras criminales.
Este no es un fenómeno exclusivo de Morena —el clientelismo y la opacidad han afectado a diferentes fuerzas políticas a lo largo del tiempo—, pero cuando el partido está en el poder federal y en varias entidades, el costo de la tolerancia interna se magnifica.
Lo que ocurre con Andrea Chávez en Chihuahua —donde su nombre suena para la gubernatura, pero cada vez más debilitado por las acusaciones sobre el uso de recursos y controversias— se convierte en un obstáculo interno que puede repetirse con aspirantes de Morena en Nuevo León.
Cualquier candidato local al que le afloren antecedentes de controversias similares, ya sea por temas de huachicol o por opacidad en contrataciones, enfrentará los mismos ataques en las encuestas internas y en el debate público.
¿Nos merecemos eso en Nuevo León? En Chihuahua, no lo sé —allá ellos—, pero aquí no.
El sistema político mexicano muestra síntomas de captura institucional y tolerancia selectiva.
El teórico político Francis Fukuyama dice que las instituciones pierden legitimidad cuando las élites las utilizan para intereses particulares, cuando el clientelismo sustituye a la rendición de cuentas.
Los casos de Andrea Chávez, Adán Augusto y los riesgos que enfrentan aspirantes de Morena en Nuevo León piden una sacudida que rompa esos ciclos de impunidad y opacidad.
Sin ella, los mismos patrones —se lo señalé amablemente a Andrea Chávez en Monterrey— se mantendrán en Chihuahua y en Nuevo León.
En estos casos, como señaló Edgar Allan Poe, “es una insensatez albergar esperanza”, mientras las filtraciones internas siguen exponiendo las grietas.
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