‘El legado basado en engaños termina por algún día desmoronarse’. Sófocles
Siguen saliendo las garras al sol del ahora inquilino de Palenque. En todos lados dejó huella, pero de sus mentiras y necedades, disfrazadas de populismo y de amor al pueblo.
El día de ayer, en un evento que se realizó en Torreón, Manolo Jiménez platicaba con los medios sobre los planes de transporte que se tienen para Coahuila. Ahí mismo aprovechó para hablar de por qué se canceló el proyecto del Metrobús Laguna.
Relató que todo estaba listo para echarlo a andar, pero que, en un arranque de “austeridad republicana” y endiosado por los gritos de sus admiradores morenistas, Andrés Manuel López Obrador —huésped distinguido de Palenque— encabezaba un evento masivo en Gómez Palacio. Corría julio de 2019 y ahí se le ocurrió preguntar desde el templete si los presentes estaban de acuerdo en que se realizara la obra.
Como emperador romano: encumbrado, ovacionado, sintiéndose casi Dios y a sabiendas de que la mayoría de los presentes eran acarreados morenistas, sonrió para lanzar la pregunta: “Levanten la mano los que no estén de acuerdo en que terminemos el Metrobús”. De inmediato, el Pueblo Bueno le respondió: cientos de manos se alzaron al mismo tiempo entre gritos de “nooooo”. A mano alzada y en apenas unos segundos, López Obrador validó la decisión que ya tenía tomada.
La cancelación afectó específicamente al tramo de 7.1 km correspondiente al estado de Durango, y aproximadamente 474 millones de pesos destinados a ese tramo serían reasignados a otras obras. Lo mismo ocurrió en Coahuila: 25 kilómetros fueron cancelados, así, democráticamente. El gobernador de Coahuila aseguró que, pese a ello, a la brevedad darán a conocer un nuevo proyecto integral de transporte para La Laguna, que incluirá coordinación con el estado de Durango.
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Una vez que se dieron a conocer los nombres de los candidatos priistas, ya han comenzado las apuestas para saber por dónde podría comenzar a entrar agua al barco tricolor. Y una de las más nerviosas es la joven precandidata María del Mar Arroyo, quien desde hace semanas se anda placeando en los cruceros con resultados bastante discretos, tirándole a que casi nadie la conoce.
Incluso miembros de su staff aseguran que de plano no conecta: le cuesta trabajo, no se aterriza y ya ha recibido dos que tres insultos, por lo que incluso le da miedo acercarse sin que antes su equipo le “ponga en modo” el saludo con la ciudadanía.
Pero por si eso no fuera suficiente, en casa las cosas le ponen el panorama aún más difícil, pues su esposo, el constructor Alejandro González, está envuelto en un problema de carácter mercantil por el litigio del derecho de una calle que está registrada con nombre y apellido. Al parecer, se siente protegido por su jefe, Armando Luna, con quien trabaja desde hace años, lo que lo hace parecer intocable e invencible.
Difícil camino empedrado le esperará a la candidata del distrito 14.
¡¡Yássas!!
