Un referente común que numerosos analistas han repetido con el tiempo es llamar a la guerra de Vietnam (1965-1973) “la guerra que Estados Unidos no ganó”.
En ese largo y tortuoso conflicto —el “primero que fue televisado”— de casi ocho años, y que generó un creciente repudio entre la propia sociedad estadounidense, lo cierto es que Estados Unidos nunca fue derrotado militarmente; sino que, al contrario, siempre mantuvo superioridad bélica.
Sin embargo, nunca logró derrotar a su enemigo, que era el gobierno norvietnamita de Ho Chi Minh, y lo más importante: nunca logró su objetivo principal, que era defender a Vietnam del Sur y mantenerlo como una nación independiente anticomunista. Saigón, su capital, cayó ante su vecino comunista del norte en 1975, dos años después de que Estados Unidos ya se había retirado sin haber logrado sus objetivos, fracasando política y estratégicamente.
En el discurso, el gobierno estadounidense de entonces afirmaba haber salido victorioso tras los acuerdos de París, pero los historiadores aseguran que Estados Unidos temía que el conflicto se extendiera y lo llevara a enfrentarse a Rusia y a China, y por eso —además del desgaste popular y mediático— prefirió retirarse.
Lo cierto, afirman algunos autores, es que la estrategia norvietnamita era simple: resistir más tiempo que Estados Unidos. Eso bastaba para salir vencedores. Y el Vietcong del norte contaba con más legitimidad entre los suyos que el régimen del sur.
¿Paralelismos hoy con la guerra contra Irán? Quizá sí... algunos.
Si bien esta guerra lleva solo dos semanas, sus estragos en la economía mundial, en el precio y en la disponibilidad del petróleo ya son mayúsculos.
Se trata, como pasó con Vietnam, de un conflicto sumamente mediático, donde incidentes como el bombardeo a la escuela de niñas en Irán han dejado una fuerte mancha para EUA —y para su aliado Israel— ante la opinión pública.
Así como EUA defendía en aquel 1965 a un régimen bastante impopular y autoritario —el de Vietnam del Sur—, hoy el gobierno de Trump ha entrado a una guerra en apoyo de Israel, que con Benjamin Netanyahu enfrenta una de las crisis de legitimidad más grandes en la historia de la nación judía.
El apoyo entre los estadounidenses hacia la guerra con Irán es bajo y sigue cayendo, mientras Irán, pese a la muerte de Alí Jamenei, sigue aparentemente fuerte y con un régimen que pareciera intacto.
Mientras tanto, los cambios de discurso de Trump, el objetivo poco claro de su incursión bélica y su búsqueda de alianzas con Europa, enrarecida por el maltrato que le da a sus aliados de la OTAN, son factores que evitan que esos países se unan con firmeza en su apoyo.
Y el fantasma de una “tercera guerra mundial”, donde entrarían China y Rusia, también está presente. Como lo estuvo en Vietnam.
Ups.
