El próximo 30 de julio es el Día Mundial contra la Trata de Personas. Habrá foros y fotos. Y en Tamaulipas, dos realidades que nunca se saludan.
La primera es la de los aplausos. El Índice de Paz México 2026 colocó al estado entre los diez menos violentos del país, tras escalar 19 posiciones desde 2015 y bajar homicidios y delitos con arma de fuego más de 70 por ciento.
Es la carta fuerte del gobernador Américo Villarreal Anaya, cuyo mandato se extenderá hasta septiembre de 2028. La otra realidad aparece de forma constante en las fichas de búsqueda: 1,575 niñas, niños y adolescentes reportados como desaparecidos o no localizados; Reynosa encabeza la lista con 369 casos y Matamoros le sigue con 314.
Y le comento algo más: la Red por los Derechos de la Infancia contabilizó, en un periodo de ocho años, apenas 17 víctimas menores de trata en Tamaulipas, lo que ubica al estado en el lugar 24 a nivel nacional. Diecisiete. En una frontera. Eso no demuestra que el delito no exista; demuestra que nadie lo está midiendo.
Es presumir que la casa no tiene goteras porque jamás se levantó el reporte.
La trata es como el agua: no se evapora, se filtra. Cuando el expediente se abre como “lenocinio”, “corrupción de menores” o “desaparición”, el delito cambia de apellido y el gobierno cambia de tema.
Y las carpetas, ¿dónde están? El fiscal general Jesús Eduardo Govea Orozco, en el cargo desde diciembre, reconoció un rezago superior a 35,000 expedientes sin concluir, con casos que podrían prescribir antes de investigarse.
Una sala de espera donde el paciente se muere antes de pasar a consulta.
Ahí quedan las tareas: para el secretario general de Gobierno, Héctor Joel Villegas González; para Marcia Benavides Villafranca, del Instituto de las Mujeres en Tamaulipas; y para el Congreso local, que aprueba presupuestos, pero rara vez pide cuentas del Consejo Estatal contra la Trata.
El dato picante: en el Reporte de Trata de Personas 2025 del Departamento de Estado, Tamaulipas aparece informando que asistió en la repatriación de una víctima extranjera de trata laboral. Una. En todo el periodo.
Y cuando la ONU equipó 13 albergues especializados en trata en 14 entidades, Tamaulipas no estuvo en la lista.
La paz que no se cuenta no es paz: es silencio administrativo.
EL AGUA POR LOS COCHES
Hoy en Palacio Nacional pasaron dos cosas y solo se contó una.
Jamieson Greer, el representante comercial de Donald Trump, se sentó hora y media con la presidenta Claudia Sheinbaum. A un lado, Marcelo Ebrard, secretario de Economía. Al otro, Ronald Johnson, embajador de Estados Unidos.
Salieron a decir que “avanzamos” y unas horas después, Washington publicó un arancel del 10% a México por trabajo forzoso. ¿Sorpresa? Ninguna.
Ebrard lo admitió sin que se lo preguntaran: ya lo sabían, Greer se lo informó a la Presidenta esa misma mañana, antes de que la resolución fuera pública. La foto sonriente y el arancel venían en el mismo sobre.
Y ojo con el truco contable: el 10% no es nuevo, solo cambió de apellido, de la Sección 122 a la Sección 301. Es la misma deuda que cambia de banco. Debes exactamente lo mismo, pero ahora el cobrador tiene otro membrete.
El punto ciego está donde nadie voltea. En esa mesa hubo Economía, hubo Cancillería, hubo coordinadora de relocalización. En las listas publicadas de asistentes no aparece nadie de Tamaulipas. Del estado por cuyas aduanas carreteras cruza más del 40% de todo el comercio exterior terrestre del país medido en valor. Paga la cuenta. No tiene silla.
Y hay algo más grave, que en el norte se entiende a la primera. El senador texano John Cornyn preguntó si el agua del río Bravo entra en la revisión del tratado. Greer respondió que ese asunto condiciona la disposición de Trump hacia el resto de la negociación.
Traducción para Matamoros: el agua que debía regar tu sorgo puede terminar destrabando los coches de otro estado.
El dato picante: al 11 de julio, México tenía apenas 246 millones de metros cúbicos almacenados en La Amistad y Falcón. Con eso se riegan, o no, 202,000 hectáreas del norte de Tamaulipas.
Ebrard defendió el 80%. Greer defendió a Texas. Cornyn defendió a sus agricultores. La pregunta incómoda es quién estaba defendiendo esas 202,000 hectáreas. Porque en la lista de asistentes de Palacio Nacional, ese nombre no aparece. Y cuando desde la Ciudad de México anuncien que ganamos la negociación, en Valle Hermoso nadie va a necesitar leer el boletín. Les va a bastar con asomarse a la presa.
¡¡Yássas!!
