Opinión

Siguiendo al papa. Del 11 al 178 de julio del 2025

Sección Editorial

  • Por: Anam Cara
  • 18 Julio 2025, 00:34

El Papa León XIV: La esperanza cristiana nos impulsa siempre a arriesgar más, a pensar en grande, a no contentarnos con el statuquo. En concreto, a trabajar por un cambio que restituya a los ancianos estima y afecto.

A LA V JORNADA MUNDIALDE LOS ABUELOS Y DE LOSMAYORES

Queridos hermanos y hermanas: El Jubileo que estamos viviendo nos ayuda adescubrir que la esperanza siempre es fuente de alegría, a cualquier edad. Así mismo, cuando esta ha sido templada por el fuego de una larga existencia, se vuelve fuente de una bienaventuranza plena.

Los ancianos, signos de esperanza. En la Biblia, Dios muestra muchas veces suprovidencia dirigiéndose a personas avanzadas en años. Así ocurre no sólo conAbrahám, Sara, Zacarías e Isabel, sino también con Moisés, llamado a liberar a supueblo siendo octogenario (cf. Ex 7,7).

Con estas elecciones, Dios nos enseña que, a sus ojos, la ancianidad es un tiempo de bendición y de gracia, y que para Él los ancianos son los primeros testigos de esperanza.

“¿Quésignifica en mi vejez?”, se pregunta al respecto San Agustín. Cuando me falten las fuerzas, no me abandones. Ya quí Dios te responde: Al contrario, que desfallezca tu vigor, para que esté presente el mío en ti, y así puedas decir con el Apóstol: “Cuando me debilito, entonces soy fuerte” (Comentarios a los Salmos 70,11).

El hecho de que el número de personas en edad avanzada esté en aumento se convierte entonces para nosotros en un signo de los tiempos que estamos llamados a discernir, para leer correctamente la historia que vivimos.

La vida de la Iglesia y del mundo, en efecto, sólo sec omprende en la sucesión delas generaciones, y abrazar a un anciano nos ayuda a comprender que la historia no se agota en el presente, ni se consuma entre encuentros fugaces y relacionesfragmentarias, sino que se abre paso hacia el futuro.

En el libro del Génesis encontramos el conmovedor episodio de la bendición dada por Jacob, ya anciano, a sus nietos, los hijos de José. Sus palabras los animan a mirar al futuro con esperanza, como en el tiempo de las promesas de Dios (cf. Gn 48,8-20).

Si, por tanto, es verdad que la fragilidad de los ancianos necesita del vigor de los jóvenes, también es verdad que la inexperiencia de los jóvenes necesita deltestimonio de los ancianos para trazar con sabiduría el porvenir.

¡Cuán a menudo nuestros abuelos han sido para nosotros ejemplo de fe y devoción, de virtudes cívicas y compromiso social, de memoria y perseverancia en las pruebas!

Este hermoso legado, que nos han transmitido con esperanza y amor, siempre será para nosotros motivo de gratitud y de coherencia. Signos de esperanza para los ancianos El Jubileo, desde sus orígenes bíblicos, ha representado un tiempo de liberación: los esclavos eran liberados, las deudas condonadas, las tierrasrestituidas a sus propietarios originarios.

Era un momento de restauración del orden social querido por Dios, en el cual sereparaban las desigualdades y las opresiones acumuladas con los años. Jesús renueva estos acontecimientos de liberación cuando, en la sinagoga de Nazaret, proclama la buena noticia a los pobres, la vista a los ciegos, la liberación a loscautivos y la libertad a los oprimidos (cf. Lc 4,16-21).

Considerando a las personas ancianas desde esta perspectiva jubilar, tambiénnosotros estamos llamados a vivir con ellas una liberación, sobre todo de la soledad y del abandono.

Este año es el momento propicio para realizarla; la fidelidad de Dios a sus promesas nos enseña que hay una bienaventuranza en la ancianidad, una alegríaauténticamente evangélica, que nos pide derribar los muros de la indiferencia, que con frecuencia aprisionan a los ancianos.

Frente a esta situación, es necesario un cambio de ritmo, que atestigue una asunción de responsabilidad por parte de toda la Iglesia.

Cada parroquia, asociación, grupo eclesial está llamado a ser protagonista de la “revolución” de la gratitud y del cuidado, y esto ha de realizarse visitandofrecuentemente a los ancianos, creando para ellos y con ellos redes de apoyo y de oración, entretejiendo relaciones que puedan dar esperanza y dignidad al que se siente olvidado.

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