Opinión

Siguiendo al papa. Del 16 al 22 de octubre

Sección Editorial

  • Por: Anam Cara
  • 23 Octubre 2026, 00:00

El Papa León XIV: La enseñanza de la Gaudium et Spes sobre la comunidad conyugal y familiar llega a subrayar la función social de la familia (GS, 52), recordando a todos aquellos que tienen responsabilidades sociales, especialmente en el ámbito político y cultural, el deber de contribuir eficazmente al progreso del matrimonio y de la familia.

Queridos hermanos y hermanas, lo primero que quiero decirles es: ¡gracias! Gracias por el apoyo de sus oraciones.

La constitución pastoral Gaudium et spes (GS) del Concilio Vaticano II, después de haber explicado, la dignidad de la persona y su vocación en el mundo, aborda, a la luz del Evangelio y de la experiencia humana, algunos de los problemas contemporáneos más urgentes (cfr. GS, 46).

En primer lugar, la atención se centra en el matrimonio y la familia, con la convicción de que el bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar (GS, 47).

Con este fin, la constitución no se limita a reiterar los valores y los fines del matrimonio, sino que plantea una concepción renovada del mismo como

íntima comunidad conyugal de vida y amor (GS, 48).

Integrando la dimensión jurídica del matrimonio como contrato, se reconoce el fundamento de esta unión en el pacto conyugal, entendido como el acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente.

La donación recíproca del hombre y de la mujer, de modo que ya no son dos, sino una sola carne (Mt 19,6), motiva la exigencia de la plena fidelidad y de la indisoluble unidad de los cónyuges; y encuentra una expresión viva en la procreación y en la educación de los hijos (cfr. GS, 48). Reflejo de la Trinidad divina, el amor conyugal y parental, a través del

Sacramento del matrimonio, se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo», para que los cónyuges puedan amarse el uno a la otra como Él mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella.

Después de haber iluminado la realidad del matrimonio con la luz del amor de Cristo, que es la verdad del amor humano y divino, Gaudium et Spes dirige la atención al amor conyugal y la fecundidad matrimonial.

El amor conyugal no se limita al atractivo erótico —que también forma parte de él—, sino que abarca toda la voluntad de los esposos, reavivando su afecto y expresándose mediante sentimientos y gestos de ternura (cfr GS, 49).

…Transmitiendo y educando la vida humana, que nunca debe ser descartada, los esposos se convierten en cooperadores del amor de Dios Creador y" "como sus intérpretes» (ibid.). Llamados a esta responsabilidad

humana y cristiana, deben regirse por un juicio recto por lo que se refiere a su propio bien y al de sus hijos, ya nacidos o todavía por venir. Este juicio que, en último término, los esposos deben formar personalmente ante Dios, exige que su conciencia se ajuste a la ley divina, interpretada por el Magisterio de la Iglesia a la luz del Evangelio.

La valorización de la comunión amorosa y de la fecundidad procreativa en el matrimonio lleva al Concilio a excluir que pueda haber contradicción verdadera entre las leyes divinas de la transmisión obligatoria de la vida y del fomento del genuino amor conyugal (GS, 51); y a afirmar, en cambio, que cuando se trata de conjugar el amor" conyugal con la responsable

transmisión de la vida se debe mantener en un contexto de verdadero amor el sentido de la mutua entrega y de la humana procreación.

De ello se sigue que la vida desde su concepción ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado, rechazando el aborto y el infanticidio; y que

los mismos actos propios de la vida conyugal, ordenados según la genuina dignidad humana, deben ser respetados con gran reverencia.

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