pluma_1x1_4ff1545c4c
Opinión

Siguiendo al papa. Del 2 al 7 de Mayo

Siguiendo al Papa

"El Papa León XIV: Pidamos al Señor que nos dé una mirada sobrenatural de la realidad, para que, arraigados en la fe y con firme esperanza, sepamos vivir orientados hacia el Reino de Dios, sin dejarnos absorber por lo pasajero ni por las dificultades del camino. 

Queridos hermanos y hermanas, hoy nos detenemos en una parte del Cap. VII de la Constitución del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia, y meditamos sobre una de sus características distintivas: la dimensión escatológica.

Efectivamente, en esta historia terrena, la Iglesia camina siempre orientada hacia la meta final, que es la patria celeste. Se trata de una dimensión esencial que, sin embargo, a menudo descuidamos o minimizamos, porque estamos demasiado concentrados en lo inmediatamente visible y en las dinámicas más concretas de la vida de la comunidad cristiana.

La Iglesia es el pueblo de Dios en camino en la historia; el fin de todo su obrar es el Reino de Dios (cfr. LG, 9). Jesús dio comienzo a la Iglesia precisamente anunciando este Reino de amor, de justicia y de paz (cfr LG 5).

Por ello, estamos llamados a considerar la dimensión comunitaria y cósmica de la salvación en Cristo, y a dirigir la mirada a ese horizonte final, para medir y evaluar todo desde esa perspectiva.

La Iglesia vive en la historia al servicio de la llegada del Reino de Dios al mundo. Ella anuncia a todos y siempre las palabras de esta promesa, recibe un anticipo en la celebración de los Sacramentos, especialmente de la Eucaristía, pone en práctica y experimenta su lógica en las relaciones de amor y de servicio.

Así mismo, sabe que es lugar y medio donde la unión con Cristo se realiza “más estrechamente” (LG, 48), y, al mismo tiempo, reconoce que la salvación puede ser donada por Dios en el Espíritu Santo también fuera de sus límites visibles.

En este sentido, la Constitución Lumen Gentium realiza una afirmación importante: la Iglesia es “sacramento universal de salvación” (LG, 48), esto es, signo e instrumento de esa plenitud de vida y de paz prometida por Dios.

Esto significa que ella no se identifica perfectamente con el Reino de Dios, pero es su germen e inicio, porque el cumplimiento será dado a la humanidad y al cosmos solamente al final.

Por eso, los creyentes en Cristo caminan por esta historia terrena, marcada por la maduración del bien pero también por injusticias y sufrimientos, sin caer en ilusiones ni en la desesperanza: viven orientados por la promesa recibida de aquel que hace nuevas todas las cosas (Ap 21,5).

Por tanto, la Iglesia realiza su misión entre el “ya” del inicio del Reino de Dios en Jesús, y el “aún no” del cumplimiento prometido y esperado. La Iglesia custodia una esperanza que ilumina el camino, y tiene también la misión de pronunciar palabras claras para rechazar todo lo que mortifica la vida e impide su desarrollo, y para tomar posición a favor de los pobres, los explotados, las víctimas de la violencia y de la guerra y de todos los que sufren en el cuerpo y en el espíritu (cfr. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 159).

Signo y sacramento del Reino, la Iglesia es el pueblo de Dios peregrino en la tierra que, a partir de la promesa final, lee e interpreta según el Evangelio los dinamismos de la historia, denunciando el mal en todas sus formas y anunciando, con palabras y obras, la salvación que Cristo quiere realizar para toda la humanidad y su Reino de justicia, de amor y de paz.

La Iglesia, por tanto, no se anuncia a sí misma; al contrario, en ella todo debe remitir a la salvación en Cristo.

Desde esta perspectiva, la Iglesia está llamada a reconocer humildemente la fragilidad humana y la caducidad de sus propias instituciones, que, aun estando al servicio del Reino de Dios, llevan la imagen de este siglo que pasa (cfr. LG, 48).

Lumen gentium afirma que todos los cristianos forman una única Iglesia, que existe una comunión y una coparticipación de los bienes espirituales fundada en la unión con Cristo de todos los creyentes, una fraterna sollicitudo entre la Iglesia terrena y la Iglesia celeste: esa comunión de los santos que se experimenta en especial en la liturgia (cfr. LG,49-51).

más del autor

Siguiendo al papa. Del 3 al 9 de julio

El Papa León XIV: Para ser luz para el mundo, primero debemos participar de...

Siguiendo al papa. Del 26 de junio al 2 de Julio

El Papa León XIV: El testimonio de los Santos Pedro y Pablo, contribuyó de...

Siguiendo al papa. Del 19 al 25 de junio

El Papa León XIV: Al incorporarnos a Cristo, la Eucaristía nos enseña a...

Siguiendo al papa. Del 12 al 18 de junio

El Papa León XIV: Hoy quisiera compartir con ustedes esta invitación:...

últimas opiniones

Facturas falsas en NL

Quedé con un contacto de la FGR en un café de San Pedro hace unos...

Siguiendo al papa. Del 3 al 9 de julio

El Papa León XIV: Para ser luz para el mundo, primero debemos participar de...

Fin de curso, nuevos retos

Por fin llegó el tan esperado fin del ciclo escolar 2025-2026 para el...

Entre el revés judicial y la urgencia ambiental

La reciente decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de...

×