Sarampión, influenza, gripe y demás cosas se están viviendo hoy en las escuelas
Entre profes y Política
Tal vez usted recuerde las vacunas que le han impuesto en su cuerpo; muchas de ellas fueron aplicadas, precisamente, en la escuela durante su infancia. Si usted nació en el siglo anterior, allá por los cincuenta y hasta los noventa, es muy probable que tenga en la memoria que la gran mayoría de las vacunas se las aplicaron en determinado plantel educativo. Incluso, a alguno de sus hijos les impusieron las vacunas elementales que vienen enunciadas cronológicamente en las cartillas de vacunación expedidas por el sector salud, independientemente de donde usted esté afiliado. Ahora bien, lo trascendental es que en “esos templos del saber” en muchas ocasiones arrancaban las campañas de vacunación; esto es, para garantizar y proteger de enfermedades peligrosas y mortales a un sector vulnerable de la población: la niñez mexicana, que es un “tesoro” invaluable de nuestra nación.
Con el tema nacional sobre el sarampión, es increíble saber que las autoridades de salud no se hayan “puesto las pilas” para “barrer” técnicamente a las escuelitas y vacunar a todo niño y adulto que requiera esta sustancia salvadora contra el virus causante del sarampión (tema nacional y mundial actual): Morbillivirus perteneciente a la familia Paramyxoviridae; mismo que se transmite por aire y, sobre todo, por contacto; siendo la vacuna triple viral SRP (sarampión, rubéola y paperas) la más efectiva, según los expertos en este sector. Asimismo, algunos epidemiólogos afirman que una persona con sarampión puede contagiar hasta a 20 más. ¿Se imaginan a cuántos podría contagiar un niño enfermo en la escuela? La exponenciación hipotética es, de verdad, alarmante. Hasta ahí les dejo la reflexión.
Sin embargo, hoy por hoy las instituciones educativas —más las públicas, por cierto— están palpando un fenómeno que en años anteriores no habían visto. Tal es el caso de los virus que causan los distintos tipos de gripe y los que provocan influenza, razón fundamental por la cual las aulas lucen de muchos espacios vacíos por niños enfermos (también maestros y demás personal de apoyo a la educación), derivado del gran contagio del virus causante de la influenza. ¡Es urgente hacer algo al respecto!
El ciclo escolar pasado, las instituciones de salud, al encontrar en la población enferma casos positivos, decretaban —sin miramiento o temor alguno— el aislamiento en casa del enfermo al menos durante una semana. Hoy “los criterios, al parecer, han cambiado”; los médicos solo emiten recomendaciones sobre el uso diario del cubrebocas y recetan algunos calmantes. Nada de incapacidades médicas a los adultos trabajadores; y a los niños y jóvenes estudiantes, reposo, si pueden. “Que acudan sus padres a la escuela a ver si les pueden justificar sus inasistencias”. Es el colmo. ¡Ah! ¿Y de medicamentos cómo andamos en las farmacias de los nosocomios públicos y en los módulos de consulta externa? Fallones, fallones.
Dentro del contexto de esta narrativa coloquial, pero verídica escolarmente hablando, nos encontramos con una interrogante superlativa: ¿por qué ya no usan a las escuelas para vacunar a la niñez, juventud y hasta padres de familia contra estas y otras enfermedades? De esta cuestión se desprende otra: ¿por qué siguen utilizando a los planteles escolares como “espacios” donde se promueven imágenes y partidos políticos? ¿Dónde está la cultura de la prevención? ¿Mentimos, acaso?
Consideramos que los tres niveles de gobierno debieran coordinarse para entrar de lleno y con todo para salvaguardar al máximo la salud de la población que juraron proteger a toda costa. ¡Es una de sus más nobles obligaciones! Miren, en estos precisos momentos en las escuelas locales y nacionales no se habla de otra cosa sino de dos temas torales: el sarampión y la influenza; así como de la junta de consejo técnico de febrero (¿?).
Por lo tanto, señores alcaldes del área metropolitana: ¿no creen que ya llegó el momento de la prevención para su población en todos los sentidos y, sobre todo, a los peatones? Existen muchos niños y jóvenes que se trasladan a pie para ir a su “templo del saber”; arriesgan su vida al cruzar la calle, siendo esta un peligro constante y, además, con fatales consecuencias, toda vez que carecen de agentes de tránsito suficientes para controlar y gobernar el tráfico vehicular. Tal es el caso de la jovencita del Centro de Bachillerato Tecnológico (CBTA) número 250, quien murió arrollada por un vehículo de combustión interna allá por el área de Escobedo, Nuevo León, en días recientes. ¡Los estudiantes de Nuevo León están de luto! La verdad, como es. Se tenía que decir y se dijo. Hasta la próxima.
