Opinión

Siguiendo al Papa. Del 26 de Septiembre al 2 de Octubre

Sección Editorial

  • Por: Anam Cara
  • 03 Octubre 2025, 02:03

El Papa León XIV: “¡Paz a vosotros!” Y añade: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (v. 21). Con estas palabras, confía a los apóstoles una tarea que no es tanto un poder como una responsabilidad: ser instrumentos de reconciliación en el mundo.

AUDIENCIA GENERAL. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! El centro de nuestra fe y el corazón de nuestra esperanza se encuentran profundamenteenraizados en la resurrección de Cristo.

De hecho, la resurrección de Jesús es el testimonio maravilloso de cómo el amor es capaz de levantarse después de una gran derrota para proseguir su imparable camino.

Cuando nos recuperamos de un trauma causado por los demás, a menudo la primera reacción es la rabia, el deseo de hacer pagar a alguien lo que hemos sufrido. El Resucitado no actúa de este modo. No regresa con gestos de potencia, sino que manifiesta con mansedumbre la alegría de un amor más grande que cualquier herida y más fuerte que cualquier traición.

El Resucitado no siente la necesidad de reiterar o afirmar su propia superioridad. Él se aparece a sus amigos —los discípulos— y lo hace con extrema discreción, sin forzar los tiempos de su capacidad de acoger. Su único deseo es volver a estar en comunión con ellos, ayudándolos a superar el sentimiento de culpa. Lo vemos muy bien en el cenáculo, donde el Señor se aparece a sus amigos aprisionados por el miedo.

Es un momento que expresa una fuerza extraordinaria: Jesús, entra en la habitación cerrada de quienes están paralizados por el miedo, llevándoles un donque ninguno hubiera osado esperar: la paz. Su saludo es simple, casi habitual: “¡Paz a vosotros!” (Jn20, 19). Pero va acompañado de un gesto: Jesús muestra alos discípulos las manos y el costado con los signos de la pasión.

¿Por qué exhibir sus heridas precisamente ante quienes, en aquellas horasdramáticas, lo renegaron y lo abandonaron? ¿Por qué no esconder aquellos signos de dolor y evitar que se reabra la herida de la vergüenza? Y, sin embargo, el Evangelio dice que, al ver al Señor, los discípulos se llenaron de alegría (cf. Jn 20, 20). El motivo es profundo: Jesús está ya plenamente reconciliado con todo lo que ha sufrido. No guarda ningún rencor. Las heridas no sirven para reprender, sino para confirmar un amor más fuerte que cualquier infidelidad. Son la prueba de que, precisamente en el momento en que hemos fallado, Dios no se ha echadoatrás. No ha renunciado a nosotros.

Así, el Señor se muestra nudo y desarmado. Su amor no humilla; es la paz de quien ha sufrido por amor y ahora puede afirmar que ha valido la pena. Nosotros, en cambio, a menudo ocultamos nuestras heridas por orgullo o por el temor deparecer débiles. Decimos “no importa”, “ya ha pasado todo”, pero no estamos realmente en paz con las traiciones que nos han herido.

A veces preferimos esconder nuestro esfuerzo por perdonar para no parecervulnerables y no correr el riesgo de sufrir de nuevo. Jesús no. Él ofrece sus llagas como garantía de perdón. Y muestra que la resurrección no es la

cancelación del pasado, sino su transfiguración en una esperanza de misericordia. Luego, el Señor repite: “¡Paz a vosotros!”. Y añade: “Como el Padre me ha enviado, asítambién os envío yo” (v. 21). Con estas palabras, confía a los apóstoles una tarea que no es tanto un poder como una responsabilidad: ser instrumentos de reconciliación en el mundo.

Es como si dijese: “¿Quién podrá anunciar el Rostro misericordioso del Padre sino vosotros, que habéis experimentado el fracaso y el perdón?”.

Jesús sopla sobre ellos y les dona el Espíritu Santo (v. 22). Es el mismo Espíritu que lo ha sostenido en la obediencia al Padre y en el amor hasta la cruz. Desde ese momento, los apóstoles ya no podrán callar lo que han visto y oído: que Diosperdona, levanta, restaura la confianza.

El centro de la misión de la Iglesia no consiste en administrar un poder sobre losdemás, sino en comunicar la alegría de quien ha sido amado precisamente cuando no se lo merecía. Es la fuerza que ha hecho nacer y crecer la comunidad cristiana: hombres y mujeres que han descubierto la belleza de volver a la vidapara poder donarla a los demás.

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