Siguiendo al Papa. Del 6 al 12 de Febrero del 2026
Sección Editorial
- Por: Anam Cara
- 13 Febrero 2026, 00:00
“El Papa León XIV: La ignorancia de la Escritura es ignorancia de Cristo”. Esta célebre frase de San Jerónimo nos recuerda la finalidad última de la lectura y la meditación de la Escritura: conocer a Cristo y, a través de él, entrar en relación con Dios; relación que puede ser entendida como una conversación, un diálogo.
AUDIENCIA GENERAL.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
En la catequesis de hoy nos detendremos en la profunda y vital relación que existe entre la Palabra de Dios y la Iglesia, expresada en la constitución conciliar Dei Verbum, en el capítulo sexto.
Bajo la inspiración del Espíritu Santo, la Biblia nació del pueblo de Dios y está destinada al pueblo de Dios. En la comunidad cristiana tiene, por así decir, su habitat: efectivamente, en la vida y en la fe de la Iglesia encuentra el espacio donde revelar su significado y manifestar su fuerza.
El Vaticano II recuerda que “la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pande vida, tanto de la Palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia”.
Además, “siempre las ha considerado y considera, juntamente con la Sagrada Tradición, como la regla suprema de su fe” (DV, 21).
La Iglesia nunca deja de reflexionar sobre el valor de las Sagradas Escrituras. Después del Concilio, el Papa Benedicto XVI recogió sus frutos en la Exhortación postsinodal Verbum Domini (2010), en la que afirma: “Precisamente el vínculo intrínseco entre Palabra y fe muestra que la auténtica hermenéutica de la Biblia sólo es posible en la fe eclesial, que tiene su paradigma en el sí de María. […] El lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia” (n. 29).
Por tanto, la Escritura encuentra en la comunidad eclesial el ámbito en el que desarrollar su propia tarea y alcanza su fin: dar a conocer a Cristo y abrir al diálogo con Dios.
“La ignorancia de la Escritura es ignorancia de Cristo”. Esta célebre frase de San Jerónimo nos recuerda la finalidad última de la lectura y la meditación de la Escritura: conocer a Cristo y, a través de él, entrar en relación con Dios; relación que puede ser entendida como una conversación, un diálogo.
Y la Constitución Dei Verbum nos presenta la Revelación precisamente como un diálogo en el que Dios habla a los hombres como a amigos.
Esto sucede cuando leemos la Biblia con una actitud interior de oración: entonces Dios viene a nuestro encuentro y entra en conversación con nosotros.
La Sagrada Escritura, confiada a la Iglesia y custodiada y explicada por ella, desempeña un papel activo: con su eficacia y potencia, sostiene y fortalece la comunidad cristiana.
Todos los fieles están llamados a beber de esta fuente, sobre todo en la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos.
El amor por las Sagradas Escrituras y la familiaridad con ellas deben guiar a quien ejerce el ministerio de la Palabra: obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas.
El trabajo de los exégetas y de cuantos practican las ciencias bíblicas es muy valioso; y en la Teología, que tiene su fundamento y su alma en la Palabra de Dios, la Escritura ha de ocupar el puesto central.
Lo que la Iglesia desea ardientemente es que la Palabra de Dios pueda alcanzar a todos sus miembros y nutrir su camino de fe. Pero la Palabra de Dios también empuja a la Iglesia más allá de sí misma, la abre"
"continuamente a la misión hacia todos. De hecho, vivimos rodeados de multitud de palabras; sin embargo, ¡cuántas de ellas son palabras vacías!
A veces escuchamos también palabras sabias pero que no tocan nuestro destino último. En cambio, la Palabra de Dios sacia nuestra sed de sentido y de verdad sobre nuestra vida.
Queridos, viviendo en la Iglesia se aprende que la Sagrada Escritura se refiere totalmente a Jesucristo. Cristo es la Palabra viviente del Padre, el Verbo de Dios hecho carne.
Todas las Escrituras anuncian su Persona y su presencia que salva, para todos nosotros y para toda la humanidad."
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