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Opinión

El secretario que se apareció en la fila

Protágoras

Héctor Joel Villegas González no llegó con caravana de funcionarios ni con discurso preparado.

El secretario general de Gobierno de Tamaulipas se apareció este jueves en la Oficialía Primera del Registro Civil de Ciudad Madero con algo que, en política, suele escasear más que los presupuestos: tiempo real para escuchar. El recorrido tuvo esa textura de lo cotidiano que a veces los comunicados oficiales se empeñan en borrar.

Villegas González saludó al personal, sí, pero también se detuvo con los ciudadanos que estaban ahí, en fila, esperando resolver un trámite, esos momentos que acumulan años de frustraciones si alguien no presta atención. Lo que encontró, o lo que quiso encontrar, que no siempre es lo mismo, fue retroalimentación directa: qué funciona, qué no, qué podría mejorar sin necesidad de rediseñar todo el sistema.

El secretario fue enfático en señalar que la presencia física de los funcionarios en los espacios de atención ciudadana no es un gesto decorativo. Forma parte, dijo, de una estrategia deliberada del gobierno de Américo Villarreal Anaya para sostener una administración que se perciba cercana y no solamente eficiente en papel. 

Hay una diferencia enorme entre un gobierno que mide tiempos de respuesta desde una oficina y uno que ve en persona si esos tiempos se traducen en dignidad para quien cruza la puerta. Ahí, precisamente, está el punto que vale la pena subrayar: la visita es un dato positivo, pero su verdadero valor se medirá en el seguimiento. ¿Qué se hará con lo que se escuchó? ¿Habrá cambios concretos en procesos, en capacitación, en recursos? 

La supervisión sin bitácora pública puede convertirse fácilmente en fotografía institucional. Si el gobierno de Tamaulipas apuesta por esta metodología de contacto directo, y hay razones para creer que lo hace con convicción, el siguiente paso lógico sería sistematizar los hallazgos y comunicarlos. Porque la gente que va al Registro Civil a tramitar un acta de nacimiento o una defunción no llega en sus mejores días. Llega urgida, a veces dolida, casi siempre con prisa. Que un secretario de Estado haya estado ahí, en ese espacio, no es menor. Lo que sí queda pendiente es saber si esa presencia deja huella institucional o solo imagen.

TAMAULIPAS VA A LA OLIMPIADA NACIONAL 2026

Con 1,000 competidores, y con todo por demostrar.

Más de 1,000 tamaulipecos, atletas, entrenadores y delegados, se alistan para representar al estado en la Olimpiada Nacional 2026, una de las competencias juveniles más importantes del calendario deportivo mexicano. La delegación participará en alrededor de 35 disciplinas distribuidas en seis sedes: Puebla, San Luis Potosí, Jalisco, Nayarit, Yucatán y Tlaxcala. Un contingente numeroso, sin duda. 

La pregunta que vale la pena hacerse, con toda la buena fe del mundo, es si el tamaño de la delegación se va a traducir en resultados. El arranque llega la próxima semana en Puebla, con voleibol y futbol encabezando la participación estatal. Le seguirán semana a semana el resto de las disciplinas, en un certamen que se extenderá durante mes y medio, cerrando a principios de junio. 

Los deportes con mayor representación dan una pista del músculo atlético de Tamaulipas en este ciclo: taekwondo lidera con 133 integrantes, atletismo aporta 118, luchas asociadas suman 92, handball lleva 78 y futbol completa el top cinco con 77 competidores. Son números que hablan de una base sólida, de escuelas de formación que funcionan, aunque sería valioso saber, de cara a la siguiente edición, en qué municipios se concentra ese talento y cuáles siguen esperando su oportunidad. 

Desde el Instituto del Deporte de Tamaulipas, su director Manuel Virués Lozano ha dado instrucciones de acompañar a la delegación con todo el soporte necesario, en línea con el seguimiento que el gobernador Américo Villarreal Anaya ha dado a este proceso deportivo. La logística de hospedaje y alimentación en cada sede corre a cargo de la CONADE, mientras que el INDE se mantiene en guardia para atender cualquier imprevisto sobre la marcha, un esquema de coordinación que, en teoría, libera a los atletas para concentrarse en lo que importa: competir. 

La meta declarada es posicionarse dentro de la media nacional. Es un objetivo razonable y honesto, aunque también es el tipo de meta que conviene revisar con lupa una vez que cierren las competencias: ¿en qué disciplinas Tamaulipas ya está por encima de esa media y en cuáles todavía hay brecha? Esa lectura fina, más que el número de participantes, es la que permite construir una política deportiva de largo plazo. Por lo pronto, la delegación está lista. Y eso, en el deporte como en la vida pública, siempre es el mejor punto de partida.

El punto ciego que vale la pena considerar: el texto original no menciona el rango de edad de los participantes ni si se trata exclusivamente de la categoría juvenil que caracteriza a la Olimpiada Nacional, dato que ayudaría al lector a dimensionar mejor el logro. Tampoco se sabe si hay atletas con posibilidades reales de medalla o si alguna disciplina viene de un ciclo particularmente fuerte. Incorporar eso en futuras coberturas le daría al lector algo más concreto a qué darle seguimiento.

¡Yássas!

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