Tania Flores ha colocado los últimos clavos en su tumba política.
Quizá habría que tomar en cuenta los argumentos que ofrece al señalar que es víctima de persecución política y blanco del aparato del Estado. Existen algunas evidencias de ello. Sin embargo, las contradicciones de quienes dicen representar a la 4T pesan más. Son mayores sus presuntos delitos, su hipocresía y su desvergüenza.
Las acusaciones contra el gobierno municipal de Múzquiz nunca tuvieron explicaciones claras. De su enriquecimiento a costa de compadrazgos con funcionarios federales para obtener contratos millonarios para ella y su familia, así como del presunto desvío de recursos públicos, no habla; sin embargo, los señalamientos existen y representan posibles ofensas a la ley.
Se creen impunes, intocables e inmaculados, hasta que la ley les demuestra que ese halo de santidad y salvación que presumen se desvanece. Hoy, al igual que su hermano, se ha quedado sola. Ni siquiera Mejía Berdeja, quien los orilló a la denuncia, podrá rescatarla.
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El sueño terminó en la Copa Mundial. Y, además de la resaca futbolera, a partir de esta semana regresaremos de golpe a nuestra triada de realidades: la política, la económica y la social.
Con altas dosis de frustración, tendremos que seguir buscando respuestas sobre la relación de los políticos con el narcotráfico y sobre cómo ese agujero negro está afectando a la economía, que podría entrar en un periodo sumamente complicado si Donald Trump insiste en no firmar el T-MEC.
Ahora que nuestra atención ya no estará enfocada en el balón, buscaremos respuestas a temas tan relevantes como la inflación y el desempleo durante el segundo semestre del año, asuntos que tuvieron un breve —muy breve— respiro ante la euforia deportiva.
Ahora que la diversión termina, los problemas y las preocupaciones reales vuelven a ocupar nuestra atención; la conciencia se reactiva y la frustración se agudiza. Veremos qué tan fuerte resulta la cruda a partir de hoy.
¡¡Yássas!!
