Si pasas por el Puente Colombia, te darás cuenta de que ahí hay un flujo de vehículos y personas —lo que, en el fondo, demuestra un crecimiento exponencial de la actividad económica de Nuevo León—, donde hace apenas unos años existía sólo un páramo abandonado y solitario.
Si contemplas los muchos metros que se han construido del Metro —se concluya o no para el Mundial FIFA, es lo de menos—, te darás cuenta que hacía más de 10 años que no se construía un solo metro. Ahora los avances son innegables y tangibles.
Si vives la ventaja de que en Nuevo León haya cobertura universal de salud, sobre todo para menores con cáncer, te darás cuenta que hace algunos años la atención a la salud era una quimera para la mayoría de los nuevoleoneses de estratos medios y bajos.
Si valoras los Black Mambas —esa flota de vehículos tácticos, blindados y acorazados— y el imponente Black Hawk, que son emblemáticos del poderoso nuevo equipamiento de Fuerza Civil, hace apenas unos años sumida en el descuido y el desinterés absoluto, te darás cuenta de que en Nuevo León se han sentado las bases para una mayor protección de la seguridad de tu familia.
¿Por qué, entonces, la vieja oposición persevera en su afán apocalíptico de desacreditar cualquier obra que legará la administración de Samuel García?
Los motivos son algunos muy claros. Si no se oponen a todo, los opositores pierden su razón de existir. Si no hacen grandes los defectos y escandalosos los accidentes, por pequeños que estos sean, la oposición tendría que presentar alternativas y propuestas. ¡Y qué flojera es presentar alternativas y propuestas si esto obliga a pensar! Criticar en vez de trabajar.
Sin embargo, hay una razón de más peso para negarse a reconocer que Samuel García dejará mucha obra pública.
Estos negadores absolutos —entre los cuales no solo hay políticos sino también activistas— creen que el presente es perpetuo. ¿Cuánto futuro se tiene que esperar para poder hacer un balance objetivo?
La historia se escribe en el futuro, no en tiempo real, y se reescribe en función de las consecuencias que provocarán sus hechos en el devenir del tiempo. Por eso la lengua inglesa hace una diferencia entre history y story. Una es la narrativa de la disputa por el poder político actual, coyuntural. Otra es lo que quedará en la historia de Nuevo León. Los resultados serán muy favorables, aunque muchos se resistan a la objetividad. Paciencia para ponderar aciertos. Los logros solo se miden bien a la distancia.
