El Simulacro Nacional 2026 fue, en el papel, un éxito logístico para la administración de Américo Villarreal Anaya.
El gobernador lo capitalizó como parte de su narrativa de transformación institucional, y su coordinador estatal, Luis Gerardo González de la Fuente, salió a respaldarlo con cifras presentables. Hasta ahí, la fotografía oficial.
Llama la atención que, mientras la presidenta Claudia Sheinbaum y la coordinadora nacional Laura Velázquez Alzúa marcaron el pulso desde el centro del país, en Tamaulipas el ejercicio se sintió correcto, pero tibio. Faltaron los 43 alcaldes haciendo eco visible. Faltó el alcalde de Reynosa, aún con la herida fresca de las inundaciones que obligaron a la propia Sheinbaum a aterrizar en la frontera. Faltaron los presidentes municipales del sur —Tampico, Madero, Altamira—, donde la zona cañera se inunda año con año casi por reloj. Y faltó, sobre todo, el Congreso del Estado preguntándose en voz alta cuánto del presupuesto de Protección Civil se traduce en equipamiento real para las 43 demarcaciones y cuánto se queda en oficina.
La oposición, dicho sea sin demagogia, tampoco brilló. Ni el PAN ni Movimiento Ciudadano aprovecharon el momento para empujar una agenda seria de prevención hidrometeorológica, que es donde Tamaulipas se juega vidas de verdad.
El llamado es directo: gobernador, alcaldes, diputadas y diputados, dirigencias partidistas. La temporada de huracanes arranca en menos de cuatro semanas. No se trata de simular un sismo de Guerrero; se trata de prepararnos para el huracán que sí llegará. Que el próximo ejercicio incluya evacuaciones reales en colonias de riesgo, refugios verificados y un padrón público de familias vulnerables. Lo demás es coreografía.
LA ARITMÉTICA DEL PODER: LO QUE DIJO Y LO QUE CALLÓ VILLEGAS GONZÁLEZ
La comparecencia del secretario general de Gobierno, Héctor Joel Villegas González, ante la 66 Legislatura tamaulipeca, en el marco de la glosa del cuarto informe de Américo Villarreal Anaya, fue una clase magistral de ese delicado arte de decir mucho sin comprometerse con poco.
El funcionario presumió haber atendido el cien por ciento de las 723 solicitudes de búsqueda de personas. La cifra es contundente. Pero, digamos, atender no es localizar. En un estado donde las desapariciones forzadas constituyen una herida abierta que sangra desde hace dos décadas, el verdadero indicador no es cuántos expedientes se abrieron, sino cuántas familias volvieron a abrazar a los suyos.
Esa pregunta —la incómoda— nadie la formuló desde el pleno. También se habló de 16.5 millones de pesos entregados a víctimas a través del Fondo de Reparación Integral. Suena bien, hasta que uno divide la cifra entre el universo real de personas con derecho a reparación en Tamaulipas.
Villegas González habló de humanismo, de un gobierno que escucha, de vocación permanente. Palabras correctas que necesitan, con urgencia, evidencia que las respalde. Porque la rendición de cuentas no consiste en recitar logros ante un Congreso afín, sino en someterse al escrutinio incómodo de quienes pagamos impuestos. La glosa terminó. Las preguntas verdaderas apenas comienzan.
¡¡Yássas!!
