‘El castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad’: Aristóteles.
Llevamos apenas unos días de campañas y los ataques a diestra y siniestra ya estallan por todos los flancos. Con ello, queda demostrado que hoy en día las elecciones —lamentablemente— no se ganan en las urnas, sino en las redes sociales. Al menos, el factor decisivo está determinado por el nivel de desgaste que cada candidato arrastre previo a la jornada. El que llegue con el prestigio menos vapuleado —en todos los sentidos— será quien logre inclinar la balanza entre los que salgan a votar, sean muchos o pocos. Es más que evidente que la legislación en materia de ciberespacio sigue siendo terreno fértil y una alternativa para hacer lo que en otros espacios la ley sí prohíbe: la guerra sucia, esa que, de una u otra manera, exhibe la realidad de quienes aspiran.
Lamentablemente, amable lector, quienes ocupen las curules del Congreso no serán necesariamente los más capaces o los mejor probados en materia legislativa, ni los verdaderos portavoces del pueblo o los más reformistas. Serán, más bien, quienes lograron rodearse de los mejores asesores y expertos en calumniar, injuriar y exhibir a sus contrincantes. Ejemplos sobran. Aún quedan varios días de circo. Estamos, por ahora, en la indefensión.
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No cabe duda de que en este país hay prioridades. Así quedó claro ayer, en una reunión a puerta cerrada de los secretarios de Educación de todo el país. Primero lo que deja, y luego lo que… puede esperar. Al cabo, en 15 días —dicen— nos emparejamos; y si no, ya veremos cómo le hacemos. El Mundial no se vive todos los días, pero la voluntad para sacar adelante el sistema educativo nacional, aseguran, siempre encontrará la forma de salir adelante. ¿Qué tanto es un mes que no podamos recuperar después?
Encumbrado, satisfecho y orondo salió de la reunión el secretario Mario Delgado, como quien logra la victoria más importante de su vida y tiene testigos que le aplaudan. Entre ellos, Emanuel Garza, de Coahuila, quien además afirmó que con los días restantes se alcanzarán a cumplir las metas académicas y que la educación seguirá consolidando su desarrollo. Ah, no bueno.
¡¡Yássas!!
