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Opinión

Tener oro o bitcoin no es una elección: necesitas ambos… y las empresas también lo saben

Inteligencia Financiera Global

Hoy estamos viviendo un momento económico muy particular. Los gobiernos gastan sin freno, y los bancos centrales imprimen dinero como si no hubiera consecuencias. En este escenario, tener parte de tu patrimonio en activos sólidos, que no dependan de decisiones políticas, ya no es un lujo para inversionistas sofisticados: es una necesidad básica para cualquiera que quiera proteger su dinero a largo plazo.

Y no, no se trata de elegir entre oro o bitcoin como si fuera uno u otro. La realidad es que ambos se necesitan. El oro y el bitcoin no compiten entre sí; se complementan. Los dos son escasos, no pueden ser manipulados por gobiernos y tienen algo en común: no pierden valor simplemente porque alguien decida imprimir más.

El oro tiene miles de años siendo refugio de valor. Es tangible, reconocido globalmente y ha demostrado su solidez en todo tipo de crisis. Por otro lado, bitcoin es una herramienta nueva, hecha para el mundo digital, descentralizado y globalizado. No está controlado por ningún país ni banco central, y está diseñado para que nadie pueda alterar su emisión limitada.

Esta forma de pensar no es exclusiva de pequeños ahorradores ni de fanáticos de la tecnología. Las empresas también están entendiendo lo que está en juego. De hecho, en los últimos trimestres, las compañías que cotizan en bolsa han comprado más bitcoin que los fondos de inversión tradicionales (ETF). Están acumulando este activo como una estrategia de protección para su tesorería, no como una apuesta especulativa.

Y no lo hacen porque crean que el precio va a subir mañana. Lo hacen porque saben que tener bitcoin —igual que tener oro— es una manera de alejar parte de su dinero del riesgo de devaluación que representan las monedas tradicionales, como el dólar o el euro.

En este tipo de activos, lo importante no es su precio en el corto plazo, sino cuántas unidades tienes. Porque, si cada año los gobiernos siguen imprimiendo dinero, lo que importa no es cuántos pesos, dólares o euros tienes, sino cuántos activos escasos y resistentes a la inflación posees.

Al mismo tiempo, los bancos centrales —que deberían ser los guardianes de la estabilidad monetaria— se han vuelto aliados de los gobiernos en su afán de gastar más. Ya no se preocupan por controlar el valor del dinero, sino por financiar déficits crecientes. Eso significa que, cada vez que emiten más billetes, tu poder adquisitivo se reduce.

Por eso, tanto personas como empresas están buscando refugio. El oro ha ganado terreno como reserva de valor, incluso entre bancos centrales. Y bitcoin empieza a recorrer un camino similar. Aunque todavía no tiene ese mismo nivel de adopción institucional, va en camino. Hay empresas públicas que ya tienen cientos de miles de bitcoins en sus balances, y no piensan soltarlos.

Uno de los momentos clave fue cuando Estados Unidos anunció la creación de una reserva estratégica de bitcoin. A partir de ahí, muchas empresas vieron la señal clara: este activo ya no es un experimento. Es una alternativa real. Desde entonces, varias compañías han adoptado bitcoin como parte fundamental de su estrategia financiera.

Lo que están haciendo es simple: proteger su futuro. Saben que tener activos que no puedan ser inflacionados ni manipulados es clave para sobrevivir a un sistema financiero cada vez más frágil. Y eso aplica igual para una empresa que para una persona común.

A todo esto se suma una amenaza creciente: las monedas digitales de bancos centrales (CBDC). A simple vista, pueden parecer modernas o prácticas, pero en realidad representan un riesgo enorme. Le darían a los gobiernos el poder total sobre el dinero: podrían saber en qué lo gastas, dónde lo usas y hasta restringirlo según sus intereses. En contraste, bitcoin es todo lo contrario: abierto, libre, resistente a la censura.

Por eso, pensar que uno puede prescindir de oro o bitcoin es engañarse. No es una moda. No es un capricho. Es una estrategia de defensa. Ambos activos ofrecen algo que el dinero fiat ya no puede ofrecer: soberanía, escasez real y resistencia a la manipulación.

En un mundo donde los gobiernos están atrapados en un ciclo de deuda, inflación y control, la única manera de proteger el patrimonio es con activos que no dependan de nadie. Oro y bitcoin cumplen con ese papel.

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