Opinión

The Rolling Stones

Sección Editorial

  • Por: Mario González Dueñas
  • 29 Mayo 2026, 00:01

Cuando una banda rompe el tablero, supera a todos y se vence a sí misma, solo queda dar las gracias por respirar su mismo aire. Algunos dicen que son los consentidos del tiempo; otros, que están hechos de materia cósmica. Lo real es que ya habitan en el olimpo eterno del rock and roll.

Hablar de los Stones es cruzar la frontera del mito para pisar fuego real. Es hablar de 32 álbumes, excesos, tragedias, Grammys y caídas libres que terminaron en resurrecciones épicas. 

Su historia tiene órdenes de arresto, amagos de deportación, bandas sonoras que son el pulso de una era, documentales, millones de destellos fotográficos, portadas que son arte puro, el Salón de la Fama y un pacto con el Diablo del que el mismísimo Lucifer debe estar arrepentido.

El Big Bang nació con Jagger y Richards. Luego sumaron los latidos de Charlie Watts, la magia de Brian Jones —el alma que nombró a la banda y se convirtió en leyenda a los fáusticos 27 años— y las líneas de bajo de Bill Wyman, quien bajó del barco en el 74 y hoy, con 89 años, sigue desafiando al tiempo. 

Juntos desataron un torbellino de actitud, música y estilo que no para de girar. Si quisiéramos atrapar sus vidas en papel, harían falta cientos de páginas de un libro eterno; pero quedémonos con la esencia, con lo que entra directo a las venas.

Tras la partida de Jones, Mick Taylor tomó el relevo hasta que las adicciones y los demonios personales lo empujaron al borde del abismo (porque seamos honestos, no cualquiera tiene la resistencia de Richards). 

Justo ahí, en el filo de la navaja, entró a escena el eterno chico nuevo: Ronnie Wood, el benjamín del grupo. Desde ese mágico 1975, la alineación se volvió blindada, un pacto de sangre que solo la reciente partida de Watts logró transformar.

Revisar el pasado de estos octogenarios del rock es llover sobre mojado. Lo verdaderamente vibrante es su nuevo disco: un grito de guerra, una oda perfecta a la resistencia. ¡Y vaya forma de rugir! 

¿Qué tan gigante tienes que ser para sentar a tus mesas a Sir Paul McCartney? Ojo, no hablamos de un músico más; hablamos del bajista de The Beatles, la némesis histórica de los Stones, la otra cara de la moneda musical del siglo. Aquí no importa quién gane la corona.

El punto es que si el bajista que decora tu nuevo álbum es McCartney, es porque tienes línea directa con Dios y te ha prestado a uno de sus arcángeles

Pero la magia no termina con Sir Paul. En este viaje también se suben Robert Smith (The Cure) y Chad Smith (Red Hot Chili Peppers). Y, para rompernos el corazón y hacernos sonreír a la vez, el álbum nos regala el latido póstumo de las grabaciones que dejó Watts.

En una época de usar y tirar, donde el algoritmo nos dicta qué ver y qué escuchar, y donde todo se vuelve automático y desalmado, regresa un huracán con más de 62 años de puro rock and roll. Una tormenta cargada de alma, lista para seguir rompiendo pactos con el mismísimo Diablo.

No sabemos si este será el último disco o el tour final, pero de algo estamos seguros: su epitafio aún no se ha escrito. La música no va a morir, porque nunca, bajo ningún concepto, dejaremos de escuchar a sus SATÁNICAS MAJESTADES.

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