Todos los caminos llevan a Calderón
Sección Editorial
- Por: José Daniel Borrego
- 27 Febrero 2026, 00:00
Si un paciente que estuvo en coma desde hace 20 años despertara hoy y viera las noticias, mesas de análisis y declaraciones del gobierno, pensaría que todavía estamos en 2006: captura de líderes delictivos, enfrentamientos entre fuerzas armadas y delincuentes, y Estados Unidos pidiendo a México resultados en seguridad. Es un déjà vu que cumplirá dos décadas en diciembre de este año.
En la teoría de la estrategia, existe un concepto llamado “fog of war” o “niebla de la guerra”, que es la incertidumbre natural que genera un conflicto al no tener certeza de todos los elementos del entorno y cómo influyen en él. Añadiría la postura ideológica como parte de la niebla actual. No hemos vencido a la niebla.
Felipe Calderón desplegó a las fuerzas armadas en Michoacán en 2006 por petición expresa del entonces gobernador, ahora funcionario federal, Lázaro Cárdenas Batel. Michoacán era escenario de confrontación de grandes cárteles, que poseían armamento, entrenamiento y recursos que sobrepasaban a cualquier corporación municipal y estatal.
El despliegue de fuerzas armadas, que continúa hasta la fecha, nunca estuvo diseñado para pacificar la región; su finalidad era acabar con los grandes liderazgos para fragmentar los grupos y reducir su expansión y control regional, para así poder contenerlos y desarticularlos a nivel estatal. Es aquí donde se vuelve complejo.
Por muchos años, los gobernadores han pedido ayuda federal porque argumentan que sus policías no tienen la capacidad de hacer frente a estas organizaciones. Por dos décadas, y a través de sexenios de todos los partidos, la estrategia contra el crimen ha tenido un enfoque federal, cuando debería ser estatal. Todavía al día de hoy, la creación de la Guardia Nacional busca llenar el hueco que dejó la antigua Policía Federal, que, hay que decirlo, se construyó para atacar al crimen de forma científica y estructurada. Queda pendiente aquella promesa de “sacar al ejército de las calles” que enarbolaba la izquierda. Estamos discutiendo superficialidades administrativas: de quién depende la corporación, la naturaleza de sus mandos etcétera.
La solución está en el camino trazado por Calderón, nos guste o no: creación y fortalecimiento de las policías estatales para que sean los estados quienes enfrenten el fenómeno del crimen organizado y no la Federación, pues al final de cuentas son los municipios la unidad más pequeña de poder formal que se corrompe. El municipio es “la célula administrativa de la Federación”.
Hay un ejemplo claro de éxito: Fuerza Civil en Nuevo León. Creada después de la crisis regional de inseguridad, hace más de una década, es una policía militarizada, con altos salarios, equipo de nivel similar al de las Fuerzas Armadas y helicópteros artillados. Fuerza Civil es el modelo donde termina el trazo de la “lucha contra el crimen”. Que cada estado y cada gobernador se haga responsable; que madure el niño-Estado que, ante cualquier problema, busca a su padre, la Federación.
Felipe Calderón tenía el mapa y camino correcto, pero la corrupción de su secretario de Seguridad manchó y descarriló su visión. Por eso hay elementos de la estrategia de Sheinbaum que se parecen mucho a la de Calderón. Estamos ante el segundo intento de solucionar el problema, que al final del camino tiene un mismo destino: las policías estatales. A ese punto llegará la estrategia dentro de poco, lo complejo es replicarlo en todos los estados.
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