Del 26 al 29 de noviembre, Tampico recibirá el Encuentro Nacional de Pueblos Mágicos, justo cuando se cumplen 25 años de que Huasca de Ocampo, en Hidalgo, obtuvo el primer nombramiento del país.
La elección del puerto tiene una razón práctica, porque es el destino con mayor capacidad hotelera del estado y puede hospedar con comodidad a las delegaciones de los 177 Pueblos Mágicos.
Benjamín Hernández Rodríguez, secretario de Turismo de Tamaulipas, recibió la estafeta en Pachuca de manos de la subsecretaria federal Nathalie Desplas Puel, acompañado por la alcaldesa de Tampico, Mónica Villarreal Anaya. Desde entonces, el gobierno del estado que encabeza Américo Villarreal Anaya ha trabajado para que el evento sirva como carta de presentación ante todo México.
El reto de fondo es otro y tiene que ver con la percepción. Mier, nuestro primer Pueblo Mágico desde 2007, vivió años difíciles por la violencia, y Tula, nombrado en 2011, quedó fuera del radar de muchos viajeros.
Hoy ambos muestran otra cara gracias al trabajo coordinado entre autoridades, comerciantes y familias que regresaron a abrir sus negocios, rescatar sus fiestas y recibir de nuevo a los visitantes. Sin embargo, quince años sin un nuevo nombramiento dicen mucho, sobre todo cuando Nuevo León, nuestro vecino, ya suma cinco. Además, como el encuentro ahora funciona también como mercado abierto, existe el riesgo de que la derrama se quede en el puerto y no viaje hacia el norte ni al altiplano.
Por eso la pregunta clave es ¿qué se llevarán Mier y Tula cuando se apaguen las luces de noviembre? La mejor respuesta sería convertir este encuentro en un plan de largo plazo, con rutas que salgan desde Tampico hacia ambos pueblos, capacitación para guías locales y acompañamiento técnico a municipios como San Carlos o Jiménez que podrían sumarse a la lista.
QUINCE AÑOS DE MORENA Y LO PENDIENTE
Morena acaba de cumplir quince años como movimiento y vale la pena platicarlo con calma, como se platica en el café cuando nadie tiene prisa.
Andrés Manuel López Obrador lo fundó en 2011 con la promesa de acabar con la corrupción, y hoy la presidenta Claudia Sheinbaum gobierna con casi 36 millones de votos y una pobreza que bajó de 51.9 millones a 38.5 millones de personas. Lo que casi nadie ve es que ese logro descansa en los programas sociales, y ahí está el riesgo.
Si la gente llega a creer que la pensión o la beca es un favor del partido y no un derecho, el voto deja de ser libre aunque nadie lo compre de forma directa. Otro cabo suelto es Segalmex, donde todavía faltan por aclarar $2,700 millones de pesos que eran para la comida de los más pobres, y en Sinaloa el gobernador Rubén Rocha Moya sigue bajo cuestionamientos mientras la violencia no afloja.
Aquí en Tamaulipas, con Américo Villarreal al frente del estado, la misma lupa se aplica. ¿Morena cambió al poder o el poder cambió a Morena?
Ojalá empiecen por publicar resultados de cada investigación, porque la confianza se gana rindiendo cuentas.
¡¡Yássas!!
