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Opinión

¿Qué esperamos de la gira a Japón que emprendió Samuel García con Bernardo Bichara y Emmanuel Loo?

Presente y futuro

Samuel García emprendió una gira a Japón y luego a Corea del Sur, acompañado por dos altos funcionarios de su gabinete: Bernardo Bichara y Emmanuel Loo. 

Hay giras internacionales que son puro protocolo y hay otras que se enfocan en conexiones empresariales. 

La que acaba de emprender Samuel García a Japón —con un vuelo comercial directo de Monterrey a Tokio— corresponde a la segunda categoría. ¿Por qué? Te lo explico. 

Me consta que, en líneas generales, no se trata de una visita diplomática más. Constituye una operación estratégica con tres ejes muy claros: atraer inversión, posicionar a Nuevo León en el mapa global del nearshoring y (para mí) quizá la más interesante: construir una narrativa global rumbo al Mundial de futbol 2026, como lo comenté con el propio Gianni Infantino, presidente de la FIFA. 

Y ahí es donde empieza el meollo de la reflexión. Samuel García no eligió Japón por casualidad.

Eligió Japón porque este país ya está en Nuevo León, con más de cien empresas niponas operando en el estado. No es una apuesta futura, sino una realidad. Y ojo: lo hace en sectores clave como automotriz, electrónica y manufactura avanzada. Las cosas como son. 

Dicho de otro modo, no se trata de inversión especulativa, sino estructural, con empresas de alta gama: Kawasaki, Panasonic, Denso, Tokai Rika, Nidec.

Empresas que no llegan por moda, sino por logística, por cadenas de valor, como se lo explicó recientemente el propio Emmanuel Loo a uno de los mejores economistas y financieros que tenemos en México: mi amigo Carlos Peña. 

Entenderlo es clave: cuando una empresa japonesa invierte, no lo hace por azar. Lo planea a 15 o 20 años.

Por eso Samuel García va a Tokio no a “ofrecer” Nuevo León, sino a consolidar una relación que ya existe y escalarla. Y en ese contexto, hay un símbolo muy potente: el Nissan Stadium.

No es cualquier estadio. Lo conozco. Es el campo donde se jugó la final del Mundial de 2002.

Es, en términos narrativos, una referencia directa a lo que los nuevoleoneses queremos ser en 2026: no solo un espacio de interacción entre pueblos, sino una sede memorable.

Y aquí entra otro elemento interesante: el Metro. Porque, cuando Samuel habla del Metro en el área metropolitana de Monterrey inspirado en estándares japoneses, no está hablando solo de transporte. Habla de emular a los mejores. Así de simple. 

Y todo esto en un contexto más complejo del que parece.

Porque Japón, potencia sólida e incuestionable, también tiene sus presiones: escasez de mano de obra, tensiones en sus cadenas de suministro y la delicada competencia china. 

Es decir, Japón necesita externalizar su producción, diversificar riesgos, y ahí es donde aparece México y, sobre todo, Nuevo León.  Como plataforma. Como puente. Como extensión industrial hacia América del Norte. ¿Se entiende? 

Este tipo de nuevas políticas públicas no se hacen con políticos convencionales. Nuevo León tiene emprendedores, no políticos, en el gobierno estatal. Y, en el espacio del gobierno de Japón, gravita una figura que rompe también con el molde tradicional: la primera ministra Sanae Takaichi, baterista de heavy metal, workaholic, que conduce motocicletas y duerme cinco horas al día por disciplina laboral, con una personalidad disruptiva para el estándar japonés. Y que ha generado algo poco común en Japón: entusiasmo popular. ¿Pasa algo similar en Nuevo León? 

Por eso, el factor Mundial es parte de la ecuación que vuelve todavía más emocionantes las relaciones empresariales entre Japón y Nuevo León. 

Porque Japón no solo es socio económico. Es también actor deportivo. La selección japonesa, los Samurai Blue, llega al Mundial 2026 con probablemente la mejor de su historia.

Jugadores en Liverpool, Brighton, Real Sociedad. Un equipo que ya no compite, sino que, a mi modo de ver —como aficionado al buen futbol que soy—, aspira a ganar. Tiene sed de triunfo. 

De ahí que las negociaciones que hace Samuel García no sean turísticas; son estratégicas.

Es plausible que esté invitando a empresas, pero también a una narrativa donde Japón vea a nuestro estado no solo como destino de manufactura, sino como plataforma global. Lo dicho: no es una gira, es una alineación de intereses para relocalizar y escalar. 

Y ahora el turno es tuyo: ¿está Nuevo León preparado para absorber una segunda ola de inversión japonesa sin colapsar su propia infraestructura? 

Y mañana, segunda parada: Corea del Sur.

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