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Opinión

El futbol no me gusta… y ni modo

Cascos y Jerseys

Lo voy a decir sin rodeos porque no me gusta disfrazar las cosas: el futbol soccer no me gusta.

Y no, no tiene nada que ver con los jugadores ni con la afición, a quienes respeto profundamente. Tiene que ver con el juego mismo, con la forma en la que se desarrolla, con esa sensación constante de que algo está por pasar… pero no termina de pasar.

Lo sé, es un tema delicado. De esos que rompen amistades, grupos de WhatsApp y hasta mesas familiares. 

Porque el soccer no es sólo un deporte, es casi una religión global. Y sí, cada cuatro años cuando llega el Mundial ahí estamos todos: opinando, emocionándonos, conviviendo. Incluso yo.

Pero también es justo en esos momentos cuando confirmo algo que tengo muy claro: para mí, el futbol americano juega en otra liga.

Porque mientras el balón rueda por el mundo, el ovoide —al menos ante mis ojos— sigue marcando la diferencia.

Y no es difícil entender por qué.

En el soccer, 90 minutos pueden pasar tranquilamente sin que nadie se decida a tirar a portería. Y cuando por fin hay contacto, basta un roce para desatar un drama digno de Óscar: caídas aparatosas, gestos de dolor, escenas que harían sonrojar a cualquier actor. 

Todo para terminar, muchas veces, en un 0-0 que algunos celebran como si hubiera sido un espectáculo.

Eso sí, corren. Corren mucho. Aunque a veces no quede del todo claro hacia dónde ni para qué. Y mientras tanto, el reloj sigue avanzando implacable, como si no importara que medio equipo esté tendido en el césped.

Y así se van los minutos… los partidos… los torneos.

Del otro lado, en el futbol americano, cada jugada es una batalla estratégica donde nada se deja al azar y todo se decide en segundos.

Aquí sí hay contacto de verdad: golpes, choques y caídas… pero también la costumbre de levantarse como si nada hubiera pasado.

El espectáculo no se guarda, se entrega en cada serie: touchdowns, puntos y emociones constantes que no te dejan respirar. Y sí, hay pausas, pero no para exagerar, sino para planear con precisión cómo desarmar al rival en la siguiente jugada.

Porque esto no es sólo fuerza. Es ajedrez con casco.

Y que quede claro: en ambos deportes hay talento, técnica y amor por la camiseta —o el jersey—. 

Eso no está en discusión. También es evidente que el soccer es el deporte más visto del planeta y el más accesible. Punto para ellos.

Pero al final, esto no es una cuestión de números.

Es una cuestión de sensaciones.

El soccer te pide paciencia.

El futbol americano exige atención.

Y yo, sinceramente, me quedo con el deporte donde no hay que esperar a que pase algo… porque todo está pasando.

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