En mayo se vendieron más automóviles que nunca en la historia de México: 127,100 vehículos en un solo mes. Al mismo tiempo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos recortó su pronóstico de crecimiento para el país a 0.8 por ciento anual. El Banco de México ya lo había hecho antes, hasta 1 por ciento. La inversión fija bruta acumula una caída anual de 2.97 por ciento, una contracción que solo se ha visto en 1995, 2009 y 2020, años de recesión.
La pregunta es inevitable: ¿cómo ocurre todo esto al mismo tiempo?
No es una contradicción. Es la fotografía más honesta de lo que México es hoy: dos países dentro de uno.
El México que avanza y el México que se hunde
Existe un México formal, productivo, intensivo en capital y conectado con los mercados internacionales. Representa apenas 40 por ciento de los trabajadores del país, pero genera el 75 por ciento del valor de la economía. Es el México que compra autos a crédito porque cuenta con comprobantes de ingresos, cédula fiscal, historial crediticio y antigüedad laboral. Es el México que invierte en el extranjero —12 trimestres consecutivos haciéndolo, la racha más larga desde 2009— porque los activos financieros en México ofrecen rendimientos ridículos, casi negativos en términos reales. Es el México que aprovecha el tipo de cambio para importar, para construir patrimonio fuera de sus fronteras. El consumo de bienes importados creció 12.41 por ciento anual en el primer trimestre de este año, mientras que el consumo de bienes nacionales cayó 0.92 por ciento en el mismo periodo.
Y existe otro México: el de la informalidad, que ya representa casi 60 por ciento de los trabajadores y aporta apenas 25 por ciento del valor económico total. Un México cuya improductividad no es atribuible a quienes lo habitan, sino a las condiciones estructurales que las políticas públicas han profundizado sistemáticamente. Los aumentos acelerados al salario mínimo, lejos de formalizar a los trabajadores, los han empujado hacia la informalidad.
El gobierno presume en las mañaneras el récord de exportaciones y los logros y datos del México que avanza a pesar del gobierno. El otro México, el rezagado, no aparece en esa narrativa.
Un mercado que revela las reglas del mercado
El récord de ventas automotrices no es un dato menor ni una anomalía estadística. Es una señal de mercado que merece leerse con rigor.
Tres factores convergen hoy para hacer de este un momento inusualmente favorable en el mercado de automóviles nuevos. Primero, las tasas de interés ya completaron su ciclo de baja y no tienen margen adicional de descenso en el corto plazo, lo que significa que el costo actual del crédito automotriz difícilmente mejorará. Segundo, la burbuja de precios que infló la pandemia —cuando los vehículos usados llegaron a costar tanto o más que los nuevos por la escasez global de semiconductores— ya se desinfló. Los precios se normalizan. Tercero, la entrada de las automotrices chinas al mercado mexicano con vehículos subsidiados artificialmente por el gobierno de Pekín ha obligado a las marcas japonesas, alemanas y estadounidenses a competir de una manera que no tenían precedente en décadas. El resultado es un mercado con promociones, bonos, tasas preferenciales y servicios incluidos que benefician directamente al consumidor final.
La competencia, aunque desleal en su origen —los subsidios del Estado chino constituyen una distorsión que justifica los aranceles impuestos—, genera efectos positivos reales del lado de la demanda. Es una demostración involuntaria, pero impecable, de cómo funciona el mercado cuando hay más opciones: los precios bajan, la calidad mejora y el poder adquisitivo del consumidor se expande.
Lo macro no absuelve ni condena lo micro
El estancamiento económico de México no es coyuntural. Es estructural, alimentado por políticas que desincentivan la inversión formal, expanden la informalidad y deterioran las finanzas públicas a una velocidad que las instituciones internacionales ya no pueden ignorar. La OCDE no recorta pronósticos por capricho.
Pero la economía agregada no determina el resultado individual ni el de cada empresa o sector. En cada ciclo adverso coexisten sectores que se contraen y sectores que florecen. Comprender esa dualidad —en lugar de aferrarse a una narrativa única, ya sea la del catastrofismo o la del triunfalismo oficial— es el primer paso para tomar decisiones económicas informadas.
México tiene dos caminos. La pregunta no es cuál existe, sino sobre cuál se elige construir.
