1. Es imposible sustraerse al ambiente festivo que permea nuestra ciudad y nuestro país. Aficionados o no al futbol, conocedores o ignorantes de las reglas, del historial deportivo de las selecciones participantes y de las alineaciones, el comentario obligado ya no es sobre la solicitud de extradición para algunos políticos acusados de narcos, ni del repliegue realizado por la CNTE —¿retrocede para atacar con más fuerza?—, ni del final de la guerra de EUA contra Irán. No. Enfiestados como estamos, preferimos la ilusión de la victoria verde a la derrota de una vida marcada por la inseguridad.
2. Entre las arengas que escucho de los comentaristas televisivos, más dados al grito apasionado que al análisis riguroso, destaca una que nos invita a estar orgullosos de ser mexicanos. No se refieren a la calidad de nuestro once en la cancha, ni a la añeja hospitalidad que siempre nos ha distinguido, ni a que contamos con autoridades incapaces de mentir y de corromperse. Tampoco nos debe dar orgullo que nuestra ciudad rebose de obras ya concluidas, ni que el tráfico siempre esté fluido, ni que las recientes lluvias no hayan causado desgracias materiales y personales.
3. Nos dicen las y los del micrófono que debemos enorgullecernos por ser el único país que ha organizado la Copa Mundial de la FIFA en tres ocasiones, aunque esta vez en compañía de EUA y Canadá. Se resalta el triplete como sede y no se considera que, de los 104 partidos, solo 13 se jugarán en nuestro país, ni el elevado costo de los boletos, ni la privatización del evento por el máximo organismo futbolero. ¿Y por qué nos han permitido ser los organizadores del evento en tres ocasiones? Porque tenemos una noble afición, rematan los corifeos de la FIFA.
4. Se dice que una afición es noble cuando apoya a su equipo con fidelidad, respeta a los rivales, mantiene un comportamiento mayormente pacífico —las familias pueden asistir a los estadios llevando a sus niños con la seguridad de que no corren peligro—, llena los recintos, anima sin depender de los resultados y acepta la derrota con deportividad, celebrando las victorias sin arrogancia ni insultos al perdedor. ¿Esas son las razones para calificar como noble a la afición mexicana y, por lo tanto, hacerla merecedora de recibir al mundial una vez más? No.
5. Somos una noble afición porque aceptamos un mundial que, en la mayor parte de los casos, se verá por televisión, y solo algunos juegos por el sistema abierto; porque toleramos pausas de hidratación en los partidos que sirven, sobre todo, para generar más ingresos a partir de más comerciales; porque aceptamos que solo en nuestro país la FIFA no pague un solo centavo del Impuesto sobre la Renta (ISR), del Impuesto al Valor Agregado (IVA) y del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Somos una noble afición porque nos conformamos con poco.
6. Aguantamos vara y nos emocionamos porque en nuestra ciudad jugarán equipos de la siguiente talla: Japón (lugar 17 en el ranking internacional), Corea del Sur (25), Suecia (35), Túnez (56) y Sudáfrica (61), con la ilusión de que también venga el equipo de Países Bajos (7). Ninguno de los primeros cinco figura entre las grandes potencias del futbol mundial. Pero bueno. En medio de la polarización crónica, de la crispación cotidiana, el Mundial es un bálsamo refrescante que ayuda a la despresurización social y se convierte en un oasis en medio del desierto de mentiras y corrupción que se extiende en nuestra ciudad y nuestro país.
7. Cierre icónico. A un proveedor al que se le debe el pago de un contrato, funcionarios del gobierno le dijeron que aguarde el final del Mundial; vecinos inconformes por la creciente contaminación son conminados a esperar a que pase el jolgorio mundialista, pues ahora todo mundo está en “modo fiesta”; quienes han sido estafados por fraudes financieros e inmobiliarios no deben anhelar una solución antes del domingo 19 de julio. Después de esa fecha nos quedaremos con una cruda futbolera y obras a medio terminar. Pero no nos quejamos. Somos una “noble” ciudadanía
