Opinión

Turismo entre ocurrencias

Sección Editorial

  • Por: Protágoras Coahuilense
  • 23 Marzo 2026, 04:50

“Cuando la política se convierte en espectáculo, la seriedad del gobierno se vuelve opcional.”

¿A qué municipio se le ocurriría soltar… no burros… sino vacas como estrategia turística?

La pregunta no es menor. Y en Coahuila hoy tiene nombre y apellido: Acuña.

Porque mientras unos hacen pollo, otros cabrito, y otros consolidan festivales gastronómicos o rutas turísticas con identidad… en Acuña alguien decidió que lo más innovador era soltar ganado por las calles y convertirlo en bandera de gobierno.

¿En qué estado vivimos?

La duda no es gratuita.

Porque el alcalde Emilio de Hoyos no solo promovió el evento: lo convirtió en la narrativa central de su administración. Lo presumió, lo vendió y lo posicionó como “el evento más importante del norte del estado”.

Y ahí es donde empieza el problema.

Porque una cosa es tradición… y otra muy distinta es gobernar a partir de ocurrencias.

Porque mientras se llenan las calles de gente corriendo detrás de una vaca, la pregunta sigue en el aire: ¿dónde está la obra?, ¿dónde está la inversión que transforme la ciudad?, ¿dónde están los proyectos que realmente eleven la calidad de vida de los ciudadanos?

Lo que sí hay es promoción, fotos, redes sociales y una estrategia política basada en el impacto inmediato.

Y eso, más que visión, parece distracción. Porque gobernar no es entretener.

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El contraste con el resto del estado es inevitable. Coahuila ha construido una narrativa turística con bases: vino, paleontología, pueblos mágicos, gastronomía, turismo religioso.

Eventos con lógica económica, que generan derrama, fortalecen identidad y construyen rumbo. Pero incluso dentro de esa lógica, el caso de Acuña rompe el esquema.

Porque no todo lo que convoca gente es desarrollo. No todo lo que llena calles es progreso. Y no todo lo que se viraliza es política pública.

El riesgo es claro: sustituir la planeación por el espectáculo. Porque hoy son vacas…

Mañana, como bien dicen en la calle: ¿qué sigue… soltar burros?

Y entonces la pregunta final deja de ser sarcástica para volverse seria: ¿en qué país vivimos… donde gobernar empieza a parecer un show?

¡¡Yássas!!

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