Me preguntan varios lectores cómo nos irá si en las elecciones de mañana en Estados Unidos ganan los demócratas y, sobre todo, si logran imponerse en Texas.
Vamos por partes. Para empezar, es un mito que los demócratas sean más flexibles que los republicanos a la hora de negociar con México el T-MEC.
En realidad, negocian distinto. En algunos temas son más suaves y, en otros, igual o incluso más severos. Y eso se sentiría en Nuevo León de manera muy concreta.
Si mañana los demócratas recuperan la Cámara de Representantes y, según algunas proyecciones, también avanzan en el Senado, la amenaza de nuevos aranceles o de incrementos arancelarios perdería fuerza. ¿Eso es bueno? No necesariamente. Y lo explico.
Donald Trump seguirá en la Casa Blanca hasta 2029 y conservará el control del Poder Ejecutivo. Es cierto que un Congreso con mayoría demócrata podría frenar o diluir el uso de la Sección 232 como una herramienta permanente de presión comercial.
Es decir, para las exportaciones de Nuevo León eso representaría un respiro, al reducirse el riesgo de que el acero, el aluminio o las autopartes enfrenten sobrecostos para cruzar hacia Texas.
Sin embargo, el costo podría aparecer por otro lado. Los demócratas han exigido históricamente, en cualquier negociación comercial con México, estándares laborales y ambientales más estrictos y sujetos a una mayor supervisión, algo que, en el fondo, también funciona como una forma de fortalecer su posición en la mesa de negociación.
En la práctica, eso se traduce en más auditorías, más requisitos de cumplimiento y, con frecuencia, reglas de origen más difíciles de cumplir.
Lo que una planta de Apodaca o Escobedo se ahorre en aranceles podría perderlo en costos de producción, trámites y tiempos de certificación. Dicho de otra manera, es la misma gata, nada más que revolcada.
Las inversiones derivadas de la relocalización de empresas no se cancelarían si los demócratas obtienen la mayoría, pero las decisiones de expansión podrían volverse más lentas y selectivas mientras las compañías evalúan el verdadero costo de cumplir con las nuevas exigencias.
Los republicanos, en cambio, suelen utilizar los aranceles y la amenaza de no renovar el tratado como mecanismo de presión. Ese son ya nos lo han cantado varias veces.
La negativa a extender el T-MEC por otros 16 años, en julio de 2026, fue una decisión impulsada por Trump y, desde luego, genera incertidumbre para las exportaciones de Nuevo León.
Sin embargo, los republicanos suelen cargar menos la mano en cláusulas que encarecen la operación de las empresas. Además, ya nos conocemos las caras. Dicho de otro modo, sabemos a qué atenernos.
¿Hay ventajas para Nuevo León si mañana los demócratas se imponen en Texas? Menos de las que algunos creen, pero sí las hay.
A ojo de buen cubero, las veo en ciertos frentes. Por ejemplo, podría facilitarse la coordinación en cruces fronterizos como el Puente Colombia.
Si Greg Abbott se mantiene en el poder, esa ventaja se reduce, y Nuevo León tendría que seguir negociando con una administración que privilegia el control fronterizo sobre la fluidez comercial. Aunque, para ser honestos, ese esquema ya venía moderándose.
Con Abbott, al menos para Nuevo León, las condiciones son hoy mejores de lo que fueron hace algunos años.
Entonces, para acabar pronto, una victoria demócrata no haría necesariamente más fácil el T-MEC para Nuevo León.
Lo que cambiaría serían las formas y los mecanismos de presión: menos aranceles de golpe y más reglas que, quizá, y solo quizá, podríamos resentir muy pronto.
