Opinión

Un mundo raro...

Sección Editorial

  • Por: Luis Sampayo
  • 23 Marzo 2026, 00:00

Sin duda alguna, tanto usted, estimado lector, como el que esto escribe, somos habitantes, como diría José Alfredo, de “un mundo raro”, donde nos ha tocado coincidir en esta parte de nuestras vidas en una gran nación que, así como nos ha obsequiado la belleza y la inmensa riqueza de su territorio, también nos han acompañado las dificultades naturales y políticas que han venido en su destino.

Y, hasta cierto punto, estas dificultades son de alguna forma justificadas con la lógica de la naturaleza humana, pues la fortuna y la riqueza que nos ha dado el territorio atraen —y siguen atrayendo— el interés de los depredadores que, en una distancia histórica, desde la conquista, pasando por el movimiento independentista que libera el territorio, pero se queda con la fiesta de toros, la religión y el idioma.

En 1848, nuestra nación se queda sin poco más de la mitad de su territorio luego de la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo y, posteriormente, hacia 1862, tras la suspensión de pagos a la deuda decretada por el presidente Juárez, los franceses pretendieron cobrarse “a lo chino”, queriendo establecer en nuestro territorio una monarquía que, luego de la Batalla de Puebla, se replegó vencida, disminuida, aunque no derrotada, sino hasta que Maximiliano de Habsburgo fue capturado en 1867.

Ya en el pasado siglo, y tras el movimiento revolucionario, el reacomodo de fuerzas, pasado por las armas, dio lugar a que el partido tricolor se autorrecetara 71 años de poder que, orillado por el hartazgo popular, al final tuvo que compartir el poder con los opositores, quines han deslumbrado a propios y extraños al perder el piso de sus ideales.

Mientras esto ocurre, y para darle mayor apariencia a la “fiesta” electoral, “la democracia mexicana”, debido a la pobre oferta y la gran demanda de poder (y todos sus beneficios), con la habilidad e ingenio mexicano, tomó forma en una especie de Frankenstein mal remendado, permitiendo el surgimiento de una gran cantidad de partidos políticos hechos a la justa medida del solicitante que, curiosamente, como rémoras, han emanado de las cajas destempladas del todopoderoso.

Partidos para el magisterio, cuando su función es la de educar; para los ecologistas, que no saben de ecología; para los ciudadanos, que son oportunistas; para los trabajadores, que no trabajan; para los necios, que quieren “regenerar” degenerando; para los sin partido y hasta para los “huérfanos” (porque no tienen mamá), son algunas de las malformaciones surgidas de los experimentos de la democracia.

Lo curioso es que, sea cual fuere el color de los partidos, a falta de extensión de territorios que ceder, todos los que se han podido colocar en el poder en cualquier nivel y sin distingo, han encontrado en él la mayor beta de riqueza, acompañada de cualquier tipo de argucia que, como prebenda, puede ser negociada a cambio del mexicanísimo “el que no tranza no avanza”.

Sin duda alguna, es el poder económico el que ha estado detrás del poder político; por ello, los altos niveles en el fenómeno de la corrupción se pasean como parte de nuestra cultura en cualquier nivel de autoridad y, en la actualidad, atravesamos por el momento cumbre del misterio en donde, tras bambalinas, en cada partido se dan hasta con la cubeta elaborando su pócima en una sopita de letras para obtener, del perolito mágico, el nombre de su abanderado para las próximas elecciones.

Triste es que, salga lo que salga de cada partido, alianza, coalición o movimiento, todos, sin excepción, ninguno da el kilo de la honestidad en su justificación por la búsqueda del poder. Y, ante las pobres expectativas que se cocinan, en una democracia donde el más popular, aunque rebuzne, se pone por encima del más capaz y, siendo optimistas ante la pasividad que la sociedad ha demostrado, no nos queda otra más que aceptar que somos habitantes, como dijo José Alfredo, de “un mundo raro”.

Y, por tanto, estimado lector, mientras sigamos así, no nos queda otra que ser más “machotes” e, irónicamente, entonar hasta las lágrimas y a dueto con una tequilita: “Y si quieren saber de mi pasado... es preciso decir otra mentira... les diré que llegue de un mundo raro... que no sé del dolor.. que triunfé en el amor y que nunca he llorado...”

Por hoy es todo. Medite lo que le platico, estimado lector. Esperando que el de hoy sea un reflexivo inicio de semana, por favor cuídese y ame a los suyos. Me despido honrando la memoria de mi querido hermano Joel Sampayo Climaco, con sus hermosas palabras: “Tengan la bondad de ser felices”. Nos leemos, Dios mediante, aquí el próximo lunes.

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