1. Este martes 21 se cumplió un año de su partida. Jorge Bergoglio, Francisco de Roma, fallecido el año pasado, ha sido objeto de muchas reflexiones y sentidos homenajes en este aniversario, todos desde la perspectiva eclesial, cual corresponde a quien encabezó a la Iglesia católica durante 12 años. Es indudable su aporte a la institución religiosa, golpeada en los últimos años por escándalos, significativo alejamiento de sus fieles y negada a asumir cambios reclamados por sus propios miembros. El Papa Francisco significó una bocanada de oxígeno…
2. … para una estructura que se asfixiaba. Sin embargo, más allá de sus contribuciones a una pastoral inclusiva y respetuosa de las minorías, su espontaneidad, su sonrisa —después de que en Buenos Aires casi nunca reía—, su capacidad de improvisación, su valentía, su rechazo a los moralismos, su inclusión, su apuesta por el cabal cumplimiento del Concilio, su impulso para presentar al mundo una Iglesia de puertas abiertas y en salida, su apertura para viajar a y, desde ahí, llevar a Roma como cardenales a obispos de regiones desconocidas…
3. … para el mundo occidental. Sin detenernos, repito, en estas valiosas intuiciones para la Iglesia en su funcionamiento interno, hay un elemento del legado que nos dejó Francisco y que es de gran actualidad: la manera en que concibió su liderazgo. Conviene recordar los orígenes religiosos de Bergoglio, quien perteneció a la Compañía de Jesús, cuyos miembros son llamados jesuitas. Como cualquier congregación de personas consagradas, éstas están sujetas a una obediencia casi ciega, en la que los superiores no acostumbran consultar sus decisiones.
4. No obstante este pasado, Francisco de Roma se distinguió por algo de lo que carecen los actuales líderes del mundo entero: humildad y austeridad, no solo en su estilo de vida, sino en la manera de ejercer la autoridad. Si los mandatarios de las grandes naciones viven en palacios y tienen séquitos y ejércitos a su servicio, Bergoglio optó por una sencilla residencia, ajena a lujos y ostentaciones, dejando de lado los ropajes tradicionales de los pontífices. Pero esto es lo de menos. Más importante aún es que no haya querido imponer certezas propias…
5. … como el final del celibato sacerdotal obligatorio. En varias intervenciones se mostró abierto a esa posibilidad, y la realización del Sínodo de la Amazonía, en el que se planteó de manera directa el tema, hacía pensar que, junto a otros fenómenos semejantes —comunión a divorciados vueltos a casar, sacerdocio femenino, matrimonio de personas homosexuales—, obtendría del entonces Papa la aprobación definitiva. No fue así, lo que provocó molestias y decepciones en los sectores más progresistas de la Iglesia. Pero Francisco no iba a dar ese paso…
6. … si no contaba con el respaldo mayoritario de clérigos y fieles, cosa que no se dio —somos más conservadores de lo que reconocemos—. En un mundo cada vez más gobernado por mandatarios que se creen emperadores, muy dados a ejercer su autoridad de manera vertical, el tipo de conducción que quiso ejercer Francisco de Roma quedará para la posteridad. No se crea que careció de firmeza, y su tolerancia cero en materia de abusos lo refleja, pero prefirió el diálogo sobre la imposición, y su propuesta de sinodalidad marcó su pontificado.
7. Cierre icónico. Para quienes dudan de la continuidad entre Francisco de Roma y León XIV, baste señalar cómo el norteamericano-peruano, a diferencia de la timorata clase política internacional, que se ha plegado a los caprichos de Donald Trump, ha expresado claramente que no le teme al belicoso gringo y, como muestra de solidez y congruencia, ha rechazado su invitación para viajar a los EUA, con motivo del 250 aniversario de su independencia. A cambio, irá a Lampedusa, al sur de Italia, que recibe con regularidad a migrantes africanos en condiciones inhumanas.
