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Opinión

Con la presidenta Sheinbaum: firmeza, información y soberanía

Presente y futuro

México tiene hoy a su primera presidenta del país, colocada en el lugar correcto y poniendo el ejemplo, como semana a semana lo demuestra la doctora Claudia Sheinbaum Pardo.

Un ejemplo que no se limita al ámbito nacional, sino que ha trascendido fronteras, donde su liderazgo es reconocido precisamente por lo que más falta nos hacía en estos tiempos: temple, inteligencia y firmeza.

La realidad es clara: lo que se reconoce de la presidenta es su capacidad para conducir al país con serenidad, claridad y convicción. Gobernar con firmeza no es alzar la voz ni responder desde el ruido, es actuar con inteligencia, congruencia y sentido de responsabilidad. 

Defender a México implica saber cuándo hablar, cómo hacerlo y, sobre todo, cómo sostener una visión de país con estabilidad y rumbo.

Apoyar a la presidenta no es un acto automático ni pasivo. La pregunta es cómo se apoya. Y la respuesta es simple: informando. Informando a nuestra gente. Empezando por los más cercanos: en la casa, el vecino, la cuadra. No se puede transformar lo que no se conoce, ni defender un proyecto que no se entiende.

No podemos quitarle a quienes aún no conocen este movimiento la oportunidad de hacerlo. Que sepan qué queremos: que a Nuevo León le vaya bien, que a México le vaya bien, que existan gobiernos honestos, transparentes y del lado del pueblo. Que entiendan que este es un movimiento democrático, con valores, con convicción y con mucho que ofrecer.

Nuestra presidenta merece reconocimiento y apoyo, sí, pero, sobre todo, merece trabajo. Convencer, sumar y transformar no se logra desde la comodidad, sino desde la constancia y el compromiso diario.

Desde mi responsabilidad, me toca trabajar por la paz. Y es importante decirlo con claridad: la paz también se construye desde la soberanía. Defender la soberanía es defender la paz. La historia nos ha enseñado que cuando el país se fragmenta internamente, cuando pierde calma y cohesión, se vuelve vulnerable. Así ocurrió cuando, en medio de conflictos internos, México perdió una parte de su territorio.

Hoy el ejemplo debe ser otro: calma, serenidad, conciencia, pero firmeza. No caer en provocaciones ni en discursos que buscan desestabilizar. Responder con información, con congruencia y con el ejemplo de nuestra primera presidenta de México: con el pueblo todo y sin el pueblo nada.

Este domingo, por ello, apoyamos a la presidenta desde Nuevo León, en las Jornadas de la defensa por la soberanía del país.

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