Opinión

Unos ruegan jugar… otros ruegan no hacerlo

Sección Editorial

  • Por: Yvette Serrano Tinoco
  • 21 Agosto 2026, 04:58

Llegamos a la Semana 3 de la pretemporada de la NFL y comienza uno de mis espectáculos favoritos de agosto. Mientras unos jugadores harían prácticamente cualquier cosa por pisar el campo, otros parecen estar encantados con la maravillosa posibilidad de verlo desde la banca.

Y lo curioso es que ambos tienen razón.

Para cientos de novatos, agentes libres no reclutados y veteranos que están peleando por sobrevivir al corte, escuchar al coach decir “vas a jugar” debe sonar casi como música.

Porque tienen apenas unas semanas para demostrar que merecen uno de esos preciados 53 lugares del roster.

Pero unos metros más allá está la estrella de la franquicia.

El quarterback multimillonario. El receptor número uno. El corredor que acaba de firmar contrato.

Y probablemente su entrenador esté pensando exactamente lo contrario:

“Por favor, que no le pase absolutamente nada”.

Para las estrellas, cada snap de pretemporada plantea una pregunta bastante incómoda: ¿para qué arriesgarse?

Y especialmente cuando hablamos de quarterbacks.

Hoy las franquicias invierten decenas de millones de dólares por temporada en ellos. Hay quarterbacks cobrando más de $50 millones de dólares anuales y alrededor de ellos se construye absolutamente todo: ofensiva, Draft, agencia libre y, por supuesto, las esperanzas de llegar al Super Bowl.

Entonces llega agosto y el entrenador debe tomar una decisión maravillosa:

“Voy a poner mi inversión de $50 o $60 millones de dólares detrás de cinco enormes señores que todavía están tratando de coordinarse perfectamente… en un partido que no cuenta”. ¿Qué podría salir mal?

¿Y EL RITMO?

Por supuesto, también existe el otro lado. Los jugadores necesitan ritmo.

Un quarterback necesita sincronizarse con sus receptores. Una línea ofensiva necesita trabajar como unidad. Los nuevos jugadores deben acostumbrarse al sistema y los coordinadores necesitan comprobar que aquello que se veía precioso en una libreta también funciona cuando enfrente hay alguien intentando derribar a su quarterback.

Porque una cosa es practicar con el jersey rojo de “no me toques”.

Y otra muy distinta cuando el defensivo de enfrente tiene permiso de olvidarse de semejante cortesía.

Por eso entiendo perfectamente a los entrenadores que guardan a sus estrellas. Pero también entiendo a quienes deciden jugar con ellas.

Así que este fin de semana, cuando veamos a una estrella en la banca mientras un jugador cuyo nombre apenas conocemos disputa el cuarto periodo como si fuera el Super Bowl, no pensemos que uno tiene más ganas que el otro. Simplemente están jugando partidos diferentes.

Unos ruegan jugar porque buscan cumplir el sueño de quedarse.

Otros ruegan no hacerlo porque toda una franquicia sueña con que lleguen sanos a septiembre.

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