Una tarde de antojo
Dolores Martínez, Patrimonio Vivo de Nuevo León, cantante, promotora de la gastronomía y cultura mexicana. Síguela en @dolorescanta en redes sociales, Spotify y todas las plataformas digitales. www.doloresmartinezoficial.com
Hay tardes que, después de una rica comida, entre tanto ir y venir, llega un dulce antojo. La tierra nos regala deliciosos y nutritivos ingredientes para preparar ese toquecito exquisito para acompañar una linda conversación, mientras disfrutamos del aire tibio de la tarde.
Les comparto esta receta que preparé hace unos días. Ustedes deciden si prefieren elaborar los ingredientes en casa o comprarlos listos. En esta ocasión, estoy usando unas deliciosas gorditas de azúcar con harina integral de trigo que me mandan las señoras de La Carbonera, N.L., pero pueden usar las que tengan a la mano.
GORDITAS CON NATA Y MERMELADA DE CIRUELA
Ingredientes
- Gorditas de azúcar de harina integral de trigo.
- Nata de la leche de vaca, yo la herví en casita.
- Canela tostada en comal, molida en molcajete.
- Nuez tostada en trocitos.
- Mermelada de ciruela hecha en casa.
Preparación
Se calientan las gorditas, en comal o en hornito. Esperamos a que se enfríen un poco, para que la nata no se derrita con el calor, y distribuimos la mermelada de ciruela sobre la gordita.
Utilicé la que preparé en casa con anterioridad, dándole un toque espectacular; sin embargo, tú la puedes preparar con la fruta que tengas disponible, ya sea durazno, manzana o higo. Después, agregamos la nata al gusto.
A mí me gusta cubrir abundantemente la gordita. A continuación, se esparce la nuececita en trocitos y, para cerrar con broche de oro, espolvoreamos un toque de canela tostada molida en molcajete, que le da un toque aromático y de gusto extraordinario.
Podemos compartir estas deliciosas gorditas con nuestros amigos y familia, disfrutándolas con un delicioso cafecito, y para acompañar estos lindos momentos, podemos escuchar esta bellísima canción, del reconocido cantautor puertorriqueño Bobby Capó, Piel Canela, la cual fue publicada con gran éxito en 1952.
Que se quede el infinito sin estrellas
O que pierda el ancho mar su inmensidad
Pero el negro de tus ojos que no muera
Y el canela de tu piel se quede igual
Si perdiera el arcoíris su belleza
O las flores, su perfume y su color
No sería tan inmensa mi tristeza
Como aquella de quedarme sin tu amor…
