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Opinión

Viernes Santo

Techo de Cristal

El mundo se detiene. No importa qué tan acelerada sea la dinámica de nuestras ciudades o qué tan ruidosa sea nuestra cotidianidad; el Viernes Santo impone un silencio que se percibe en el aire. Para el catolicismo, este es el día del sacrificio supremo, el momento en que la entrega se convierte en redención. Sin embargo, más allá del dogma, esta fecha ha logrado trascender los templos para convertirse en un fenómeno cultural y social que nos invita a mirar hacia adentro.

A lo largo de los siglos, la conmemoración de la Pasión ha sobrevivido a transformaciones políticas, revoluciones industriales y eras digitales. Desde las primeras liturgias en el siglo IV hasta las multitudinarias procesiones que hoy recorren nuestras calles, la esencia permanece intacta. Esta persistencia no es casualidad; responde a la necesidad humana de encontrar sentido en el sufrimiento y esperanza en medio de la oscuridad. La Semana Mayor no es solo un recuerdo histórico, sino la actualización de un mensaje de amor que se niega a envejecer.

Lo más fascinante del Viernes Santo es su capacidad de interpelar a todos. Para el creyente, es la base de su esperanza; pero, para el agnóstico o quien profesa otras religiones, la figura de Cristo en la cruz representa valores universales: la lucha contra la injusticia, la dignidad frente al dolor y la entrega por el prójimo. En una época marcada por el individualismo, el Viernes Santo nos recuerda que no hay acto más revolucionario que la entrega de uno mismo por el bien de los demás. Es un alto en el camino para reflexionar sobre nuestra propia humanidad.

Para quienes buscan profundizar en este misterio desde la narrativa visual, en esta temporada de Cuaresma y Pascua les comparto tres producciones cinematográficas imprescindibles:

•    The Chosen (Los Elegidos) (2017–presente): con cinco temporadas, ofrece una mirada fresca y profundamente humana. Permite conectar con la cotidianidad de los apóstoles y ver a un Jesús cercano, cuya divinidad se manifiesta en la sencillez de sus vínculos. 

•    La Pasión de Cristo (Mel Gibson, 2004): una obra que, por su realismo y crudeza, no deja a nadie indiferente. Es un ejercicio de introspección que hace consciente la magnitud física y espiritual del sacrificio. 

•    House of David (El Rey David) (2025): ayuda a entender el origen y la promesa. Esta serie nos transporta a la historia del pastor que se convirtió en rey, recordándonos que los grandes propósitos suelen comenzar en los corazones más humildes. 

El Viernes Santo nos invita, finalmente, a comprender que el silencio no es vacío, sino una oportunidad para escuchar aquello que el ruido del día a día nos impide oír.

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