Opinión

¿Y el megalaboratorio de Chihuahua, se nos olvidó?

Sección Editorial

  • Por: Luis Padua Viñals
  • 05 Mayo 2026, 04:58

Se trató del histórico desmantelamiento de unos seis laboratorios clandestinos para producir metanfetaminas en Chihuahua, ubicados en “uno de los lugares más grandes hallados en el país donde se producían drogas químicas”, según la versión de las autoridades mexicanas.

El operativo del pasado 19 de abril en el municipio de Morelos, de la Sierra Tarahumara de Chihuahua, fue uno de los golpes más espectaculares contra el narcotráfico logrados en años recientes. Una de las mayores medallas para el gobierno mexicano que debiesen presumirse frente a quienes cuestionan y presionan porque en el país se intensifique esta lucha... 

Y, sin embargo, hoy ese hito —que de alguna manera le costó la vida a cuatro servidores públicos, dos mexicanos y dos estadunidenses— está, si no completamente olvidado, sí irónicamente sepultado bajo otras discusiones que lo oscurecieron considerablemente: el escándalo sobre el rol de los elementos de la CIA que fallecieron en el posterior accidente automovilistico, y el lapidario señalamiento de EUA, donde acusa de narcotráfico al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.

Continuando con la ironía, uno de los mayores responsables de este certero golpe al crimen organizado, quien fungía como fiscal general de Chihuahua, César Jáuregui Moreno, en vez de ser reconocido y recordado por dicho logro, tuvo que pedir su “renuncia irrevocable” para que se investiguen posibles violaciones a las leyes mexicanas —por la participación activa de dos empleados de la Embajada de EUA— y para “contribuir al restablecimiento de la confianza pública”.

No cabe duda de que el respeto a las leyes mexicanas y el actuar dentro de los márgenes de la ley son dos condiciones indispensables que deben cumplir los funcionarios mexicanos. Pero, en este caso, habría que preguntarse si el peso de su “pecado” fue peor que los resultados que se ofrecieron.

Está claro que fue una clara “torpeza” que los agentes de la CIA hubiesen acudido personalmente al operativo y que se trasladasen en vehículos oficiales mexicanos, lo que los convierte en participantes activos del mismo, lo cual está fuera de la ley.

Pero tampoco podemos pecar de extrema ingenuidad: sabemos que Estados Unidos trabaja de la mano con México en el combate al narcotráfico, porque hay objetivos comunes de por medio; y sabemos también que el gobierno de EUA y sus agencias intercambian información de inteligencia de manera constante con las fuerzas del orden mexicanas, y lo hacen de manera legal y manifiesta.

Por eso vale la pena preguntarse si debemos rasgarnos tanto las vestiduras ante el hecho de que se pusiera al descubierto una acción “demasiado cercana” entre ambas naciones, cuando el tema principal es que se desmanteló un gigantesco laboratorio de más de 850 metros cuadrados, con unos 15 hornos para “cocinar” metanfetaminas, y donde se decomisaron más de 200 tambos con miles de litros de precursores para producir estas drogas mortíferas.

Y donde además fallecieron cuantro importantes actores —dos de ellos mexicanos— que dieron sus vidas por querer hacer valer la ley, combatir al terrible lastre del crimen organizado y luchar en favor de la seguridad de México y de Estados Unidos. ¿Qué es realmente más importante aquí?

Por eso no deja de llamar la atención que los mexicanos nos concentráramos más en debatir el rol y alcance de los agentes de la CIA —que no por eso es algo que deba ignorarse—, y nos olvidáramos de que hoy más que nunca se están viendo avances demoledores e inéditos en el combate al narcotráfico en México, con una activa y decidida participación del gobierno mexicano, la Sedena y la Semar.

Por supuesto, la otra noticia, la de Rocha Moya, es también inédita e inevitablemente nublaría la importancia del operativo de Chihuahua. Y también con este tema deberá respetarse la ley y seguir sus conductos, pero —esperemos— sea con el objetivo de que se haga verdadera justicia, sea cual tenga que ser; y que los funcionarios corruptos caigan, sean quien sean.

Habría, sin embargo, que revalorar el logro que fue la destrucción de seis narcolaboratorios en la Sierra de Chihuahua, un estado donde se han concentrado como nunca las operaciones de fabricación de drogas sintéticas. 

Habría que homenajear a los fallecidos, restituirles su dignidad y premiar a los elementos que arriesgaron su vida y asestaron ese golpe.

Lo más importante es seguir incentivando el que nuestros gobernantes trabajen por hacer de México un lugar seguro y ordenado, donde se minimice la violencia y se establezcan controles férreos para que los mexicanos andemos por todo el país tranquilos, sin miedo y en paz. Lo hagan de la mano, o no, de EUA.

Los logros que ha alcanzado Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno federal, contra el crimen, son reales. Si seguimos avanzando, este país puede por fin cambiar. ¿Vamos a estar siempre buscando qué criticar, o podríamos aplaudir un poco lo que se hace bien?

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