Opinión

¿Y los padres buscadores?

Sección Editorial

  • Por: Francisco Gómez
  • 22 Octubre 2026, 00:00

1. Durante 12 años, el primer lunes de cada mes, celebré una misa en la Catedral por las personas desaparecidas y secuestradas, y por sus familiares y amistades. La asistencia fue variada, pero con una constante: en su mayoría eran mujeres. Abundaban las mamás, pero también tías, hermanas, novias y amigas de jóvenes que ya no habían regresado a sus hogares. Cada semana me llamaba la atención un señor ya mayor, que aparentemente iba solo, y al preguntarle si también él tenía algún desaparecido, me respondió, casi indignado: “¡Sí!, ¿o qué, solo…

2. … las mamás pueden rezar para que regresen sus hijos?”. Tenía razón el caballero. Pero mi pregunta no era gratuita. Históricamente, la movilización para buscar a personas desaparecidas ha sido encabezada por mujeres, en especial mamás, de ahí que la expresión “madres buscadoras” ha cobrado carta de ciudadanía en las luchas sociales. Sin embargo, un estudio en México de Fundar, Centro de Análisis e Investigación, titulado Impactos psicosociales y laborales de cuidado en hombres buscadores, arroja datos y vivencias muy interesantes.

3. En primer lugar, y aunque es cierto que el número de varones buscadores está muy por debajo del de las mujeres y forman una minoría, su trabajo no ha sido suficientemente reconocido. Entrevistados declararon que no se trata de reemplazarlas, sino de visibilizar que también los varones sufren la pérdida, sienten el dolor de la ausencia y tienen menos “facilidades”, por los roles tradicionales de género, para dedicar largas jornadas a la búsqueda de sus seres queridos. Muchos de ellos todavía tienen horarios que les impiden ausentarse del trabajo.

4. Pero la investigación mencionada tuvo hallazgos que nos remiten a concepciones, en apariencia ya superadas, sobre las diferencias entre varón y mujer, y que se expresan en frases como “Los varones piensan y las mujeres sienten”, “Las mujeres tienen más calidad humana, porque son más sensibles”. Estos estereotipos lo que hacen es repetir comportamientos asignados a madres capaces de todo por sus hijos, inclusive hasta de dar la vida por ellos, mientras los padres, en teoría más fuertes, no tienen la resistencia de ellas a la hora de la búsqueda. 

5. Los mandatos de género, paradójicamente, hacen que la fortaleza exigida a los papás les impida expresar su fragilidad masculina —que la tenemos, y mucha—, al punto de que no pueden llorar ni gritar por la desaparición forzada de un hijo, un hermano o un amigo. Si le agregamos que el moldeamiento normativo de un padre le exige cuidar a sus hijos, el que uno de ellos haya sufrido esa agresión le genera un gran sentimiento de culpa. Además, necesita seguir generando ingresos para que su esposa o su hija se dediquen a la ingente tarea de la búsqueda.

6. Los varones o papás buscadores han estado en el anonimato. Ellos sufren, como sus parejas, por la ausencia de sus hijos. Urge visibilizarlos, entender que muchos de ellos, quizá la mayoría, no quieren repetir los clichés que los han confinado a una esfera pública, el trabajo fuera del hogar, y que les impiden, vaya contradicción, encargarse de lo que afecta de manera directa a su familia. Ellos, como me lo dijo mi interlocutor en aquella misa, también tienen derecho a rezar por el regreso de sus desaparecidos, a llorarlos, a seguir luchando para que que un día reaparezcan.

7. Cierre icónico. El pasado lunes 19 fue el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama. La fecha, impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para crear conciencia, promover la detección temprana y recordar la importancia del diagnóstico y tratamiento oportunos, me parece que se está convirtiendo en una efeméride más. No debiera ser así. El cáncer de mama es el tumor maligno con mayor incidencia en México, y cada vez en mujeres más jóvenes, por encima del de próstata, colorrectal, tiroides y cuello uterino. No hay que bajar la guardia.  

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