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Opinión

Monterrey pudiera ser Ámsterdam

El diván interior

Con los precios del petróleo y sus derivados subiendo en este ir y venir de juegos geopolíticos, el costo de la gasolina se está yendo a las nubes, y dudo que esto baje en unos buenos meses.

He reflexionado que, si el precio de la gasolina sube un poco más, empezaremos a ver contingencias obligatorias de movilidad, escalonamiento en jornadas de trabajo, home office y clases virtuales con opción a transportación en autobuses o carpool ex profeso para esta situación.

Hoy no es un virus orgánico, hoy es un virus energético, que será más contundente y nos moverá para -ojalá- hacernos reflexionar, cambiar o reaccionar principalmente en la forma en la que nos movemos en las ciudades. 

Seguimos viviendo en un municipio y trabajando literal al otro lado de la ciudad, y los que tienen hijos, yendo a la escuela en otro municipio distinto al que se vive. 

Los afortunados que viven y trabajan en el mismo municipio o zona, irónicamente, llevan su coche para moverse tan solo unas cuadras. Entendemos que a veces las cuadras son muy largas y, con los calorones que vivimos en la ciudad, se hace incómodo.

Sabemos que todas estas situaciones son las que ocasionan más del 50% del tráfico en el área metropolitana.

En estos días me ha tocado escuchar en cafeterías o restaurantes que la gente dice en modo privilegio y egoísmo: “Yo tengo auto híbrido, por mí que suba lo que quiera la gasolina” y otros: “Yo tengo auto eléctrico, yo me sigo moviendo”. Nada más triste y decepcionante.

Por ahí un colega europeo investigador vino de visita hace un par de años, y se sorprendió de que Monterrey fuera una ciudad tan horizontal y extendida en territorialidad. Entendiendo que, con la franca cercanía de ciudades americanas, se haya copiado ese formato del siglo pasado, que tan de moda estuvo.

Lo que más le sorprendió fue el río Santa Catarina, obviamente por todo lo que ya sabemos. Pero le sorprendió mucho más porque no se ha “explotado”, por decirlo de una buena manera, el lecho y sus orillas para integrar el río a la ciudad.

Hizo un croquis y me explicó que todo el lecho debería estar con muros contenedores en todo el trayecto (oriente-poniente), obviamente para contener correctamente. 

Pero que al realizar esos muros se pudiera reordenar y crear un carril para bicicletas, scooters y transeúntes con algunas bahías para auxilio vial. Obviamente, sin quitar carriles, sería ganarle unos metros al río y regalarle a la ciudad una movilidad alterna. 

Cerró su charla diciendo: “Monterrey pudiera ser Ámsterdam si quisiera. Invitaría a la gente de ciertas zonas a moverse por ahí”, y remató: “Sé que son vanguardistas, pudieran ser la primera ciudad latinoamericana en tener la vía más larga de movilidad incluyente. Tienen la ruta, solo falta voluntad”.

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