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Opinión

¿Fin del crimen organizado en NL con triunfo demócrata?

Agenda Poder

Sea o no traición a la patria —lo cual me parece un exceso retórico— en los últimos meses las autoridades federales han asestado golpes concretos al crimen organizado en Nuevo León, probablemente con ayuda de inteligencia norteamericana. 

Se han desmantelado en Nuevo León instalaciones utilizadas como laboratorios o almacenes de precursores químicos —incluido un cateo en Escobedo donde se aseguraron más de 400 tambos con acetona, sosa cáustica y otros compuestos—, se decomisaron cientos de miles de litros de hidrocarburos de procedencia ilícita en Cadereyta y la zona metropolitana, y se detuvo a operadores vinculados al contrabando de combustible, el llamado huachicol. 

También, quizá con apoyo o colaboración con inteligencia norteamericana, se han realizado operativos en San Pedro Garza García, Monterrey y Allende, donde se aseguraron armas, vehículos y recursos.

Se acepte o no, estos resultados no son exclusivamente mexicanos. 

Parte de la inteligencia que permitió ubicar inmuebles, rutas y redes proviene de la colaboración con agencias estadounidenses. 

De nuevo, lo aceptemos o no, esa coordinación binacional —DEA, FBI, Homeland Security y otras— ha generado resultados tangibles contra la producción de metanfetamina y el huachicol que financia a los cárteles. 

El desmantelamiento nacional de más de 2,000 laboratorios clandestinos y los decomisos de combustible en la frontera norte forman parte del mismo patrón.

¿Cuál es este patrón? Texas.

Mientras eso ocurre del lado nuestro, en territorio texano se juega una elección que puede alterar el tono de esa presión. 

Ken Paxton, actual fiscal general y candidato republicano al Senado, enfrenta hoy a James Talarico, el demócrata que lidera en la mayoría de las encuestas recientes —márgenes de 2 a 6 puntos en varios sondeos de octubre—, aunque la carrera sigue siendo competitiva y dentro del margen de error en algunas. 

Texas no elige a un demócrata al Senado desde Lloyd Bentsen en 1988. Una victoria de Talarico rompería un bastión republicano de más de tres décadas. El tema electoral, por supuesto, no es asunto nuestro, como mexicanos. 

Sin embargo, es fundamental señalar que Paxton no es un actor neutro en materia de crimen organizado. 

Desde la Procuraduría General de Texas impulsó la creación de la división de trata de personas y crimen transnacional organizado, impulsó la designación de cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras —para facilitar el congelamiento de activos y penas más duras— y ha mantenido una línea dura en frontera, fentanilo y redes de tráfico, incluido el señalamiento de varios fiscales texanos vinculados con generadores de violencia en México. Las cosas como son. 

Reconozco que el récord de Paxton ha sido criticado por el volumen real de condenas en ciertos periodos. 

Pero esa postura es coherente con una visión de presión sostenida sobre las redes que operan a ambos lados de la frontera.

Lo malo de una posible victoria demócrata —que tanto ansían algunos colegas de prensa en Nuevo León— no sería solo el cambio de partido en un escaño texano. Sería la señal política distinta que enviaría y la posibilidad real de que se modere el énfasis en herramientas agresivas contra los cárteles. ¿Nos conviene ese viraje a los nuevoleoneses? Mi respuesta es que no. La colaboración actual está dando resultados medibles. Otra vez: menos laboratorios operativos, decomisos de combustible y detenciones de operadores de huachicol. 

Relajar esa presión —por cambio de prioridades en Washington o en Austin— no garantiza que las redes desaparezcan, sino que se les daría pie para reorganizarse.

Los hechos en Nuevo León muestran que la inteligencia estadounidense y la operación mexicana combinadas pueden golpear infraestructura y financiamiento. 

Ignorar que esa combinación funciona, o asumir que un cambio político en Texas no tendrá efectos en el lado mexicano, sería engañarnos a nosotros mismos. 

Ignoro si la presión que está produciendo detenciones y decomisos se mantendrá o se disolverá con un fiscal demócrata, pero, como siempre, más vale viejo conocido que nuevo por conocer. Entiendo que mi posición es controvertida, pero no podría callarla.

Al margen de eso, que gane las elecciones el que los texanos elijan.

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