Yo no quiero ir a Marte
Sección Editorial
- Por: Marysol Flores
- 27 Mayo 2026, 00:00
Hace unos días, antes de dormir, mi esposo y yo terminamos hablando de Elon Musk.
Él me contaba que había leído en las noticias que el consejo de administración de Tesla aprobó nuevamente un gigantesco paquete de compensación para que Musk continúe como CEO. Miles de millones de dólares. Desde hace años es considerado el hombre más rico del mundo por contar con porcentajes invertidos en empresas como Tesla, SpaceX, xAI, Starlink y X. Estas cantidades ni siquiera las puedo imaginar, si yo estoy preocupada de ver que cada semana el tomate sube más de precio y hay que seguir pagando colegiaturas. Y mientras hablábamos de eso, la conversación se fue haciendo más profunda.
Hablamos de cómo ya no existen solamente los ricos. Ahora existen millonarios, billonarios, etc. Personas que, como Elon Musk, sueñan con llegar a Marte mientras aquí abajo seguimos sin poder conocer a nuestro vecino. Empresas que compiten por desarrollar la inteligencia artificial más avanzada, mientras que a mis alumnos en las aulas les cuesta cada vez más conocer al compañero de mesa con quien conviven por meses.
Vivimos en una época fascinante. La tecnología avanza a velocidades históricas. La inteligencia artificial escribe, diseña, responde y predice. Hay coches que se manejan solos y proyectos para habitar otros planetas. Pero, al mismo tiempo, hay personas que no tienen con quién cenar. Jóvenes que viven hiperconectados y profundamente solos. Familias enteras sentadas en la misma mesa mirando pantallas distintas.
Y entonces, en medio de esa conversación nocturna, mi esposo dijo algo que se me quedó clavado: “Yo no quiero ir a Marte. Yo quiero una vida tranquila con mi familia y personas que sumen a mi vida”. Y pensé… quizá muchos estamos empezando a sentir lo mismo. Tal vez es la mediana edad. Tal vez es cansancio colectivo. O quizá simplemente estamos despertando de una fantasía donde nos hicieron creer que el éxito siempre significaba más: más dinero, más productividad, más reconocimiento, más velocidad.
Pero hay algo profundamente liberador en descubrir que no todos queremos convertirnos en millonarios. Mucho menos en billonarios.
Algunos solo queremos desayunar sin prisa.
Dormir tranquilos.
Tener amigos de verdad que estén ahí cuando los necesitemos.
Sentirnos queridos y abrazar a otros.
Llegar a casa y que alguien pregunte cómo estuvo nuestro día.
Ayer se publicó la primera encíclica del Papa León XIV, titulada Magnifica Humanitas, dedicada justamente a la inteligencia artificial y al riesgo de deshumanizarnos en medio del avance tecnológico.
Y me sorprendió profundamente una de sus reflexiones: en esta era de inteligencia artificial, donde la dignidad humana puede verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos.
Qué frase tan necesaria para estos tiempos.
Porque mientras el mundo habla de algoritmos, automatización y viajes espaciales, quizá la verdadera revolución siga siendo algo mucho más sencillo: sentarnos a cenar juntos, mirarnos a los ojos, acompañarnos en el dolor, tener tiempo para quienes amamos.
Y entonces entendí algo: yo tampoco quiero ir a Marte.
Quiero una vida donde todavía exista la sobremesa.
Donde los niños jueguen sin prisa y sin dispositivos.
Donde el éxito no se mida solamente en dinero, sino en paz mental, vínculos reales y sentido de vida. De hecho, los días que logro tomar un café con mi esposo en el desayuno siempre le digo que esos momentos son mis “éxitos”.
La próxima semana, en nuestro podcast de Familia Viva, hablaremos sobre lo que no se habla de los cambios en la mediana edad con la psicóloga Amalia Osorio. Y mientras preparo ese episodio, no dejo de pensar que tal vez crecer también significa esto: dejar de perseguir lo que impresiona a los demás y empezar a construir lo que realmente nos da paz.
Porque mientras algunos sueñan con conquistar otros planetas, quizá nuestra tarea más urgente siga siendo aprender a habitarnos mejor para poder conectar con otros humanos; que cada vez seamos más humanos que no busquemos ir a Marte.
Dra. Marysol Flores Martínez
TEDx Speaker · Autora · Consultora · Familióloga
Dra. en Liderazgo y Desarrollo Humano
Maestría en Psicología Neuroeducativa
Maestra de cátedra del Tec de Monterrey
Fundadora de @familiaviva.mx
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