Nuevo León durante la Revolución Mexicana
La entidad vivió los efectos del conflicto, el cual se recrudeció con la muerte de Madero en la Decena Trágica de 1913
- Por: EH
- 20 Noviembre 2016, 04:00
La Revolución Mexicana en 1910 fue una época de contrastes en Nuevo León, ya que mientras se benefició del crecimiento ecónomico que permitió la urbanización e industrialización durante la presidencia de Porfirio Díaz, y que permitieron la construcción del Palacio de Gobierno, el Arco de la Independencia y la Fundidora de Fierro y Acero y Monterrey, la etapa final del conflicto causó alarma y zozobra ante los enfrentamientos que ocurrieron en la ciudad.
Previo al inicio del movimiento, la popularidad del entonces gobernador Bernardo Reyes en el noreste del país preocupó a Díaz, quien determinó enviarlo a Europa y nombrar a José María Mier en su lugar y a Jerónimo Treviño como jefe de la Tercera Zona Militar. Esta decisión cobraría importancia, ya que Treviño era el tío político de Francisco I. Madero, líder de la revolución, por lo que permitió el ingreso de las fuerzas maderistas a Monterrey sin violencia.
Esta situación cambiaría durante la Decena Trágica, iniciada por la muerte de Madero en febrero de 1913 por la traición de Victoriano Huerta, lo que desencadenó una ola de violencia en el país. Nuevo León no fue ajena a esta situación, ya que Monterrey fue sitiada en octubre por las fuerzas revolucionarias al mando de Antonio I. Villarreal, en una campaña llena de batallas con numerosas bajas y daños en edificios históricos por la metralla y cañonazos de la época.
En el resto del país se libraba la pelea del Ejército Constitucionalista de Venustiano Carranza, tras desconocer a Huerta en el poder. El movimiento contó con la participación de Pablo González, quien organizó una facción en el noreste para operar en los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Es hasta 1914 cuando Huerta es obligado a renunciar y a abandonar el país, antes de morir en Texas.
Ese mismo año Antonio I. Villarreal logra tomar la plaza de Monterrey y se convierte en gobernador, con lo que llegó una extensa etapa de transición en los poderes de Nuevo León, los cuales llegan a la estabilidad con el nombramiento de Nicéforo Zambrano como mandatario en 1915 y cuya administración debió lidiar con los daños colaterales del conflicto, como pobreza, propagación de enfermedades y la reactivación de la agricultura.
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