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Amor eterno aun en la ausencia de quien te dio la vida
Algunos vivirán este 10 de mayo entre la herida y el homenaje al recordar a una madre que ha partido de este plano, pero no de los corazones
Por El Horizonte | 08 Mayo 2026
Para quienes han perdido a mamá, el 10 de mayo no es celebración: es memoria, es eco, es ese nudo en la garganta que aparece incluso cuando han pasado años. Porque no importa si es el primero o el décimo año de su partida. La ausencia no se mide en tiempo.
Perder a una madre deja una huella profunda. Como señalan especialistas en duelo, esta pérdida implica un vacío emocional difícil de nombrar, ya que la figura materna suele representar amor, protección y pertenencia; cuando falta, el vacío que deja puede ser inmenso y difícil de llenar.
Y sin embargo, la vida sigue; desde la psicología y la tanatología hay una idea que se repite, casi como un susurro que reconforta: el dolor no desaparece, cambia de forma. La tanatóloga María Eugenia Yumiceba lo expresa con claridad: “El duelo no se supera: se atraviesa y se transforma en otra forma de amor”.
Esta frase no es resignación, es aprendizaje. Porque con el tiempo, la ausencia deja de ser un abismo constante y se convierte en una presencia distinta: en recuerdos, en gestos heredados, en palabras que uno repite sin darse cuenta.
El duelo, explican especialistas, implica adaptarse a una nueva realidad donde esa persona ya no está físicamente, pero sigue ocupando un lugar emocional importante en la vida. Y ahí está la clave: aprender a vivir con la ausencia, no a pesar de ella. (Con información de Agencias)
Formas de sentirla cerca: rituales que sanan
Los psicólogos coinciden en que los rituales ayudan a procesar el duelo, ya que permiten conectar con las emociones y darles un cauce significativo. No tienen que ser grandes ni solemnes: basta con que sean sinceros.
- Cocina su platillo favorito: Recrear sus recetas es una forma poderosa de traerla de vuelta a la mesa. Los sabores también son memoria.
- Escucha la música que le gustaba: Una canción puede abrir una puerta directa al recuerdo. A veces basta una melodía para sentir su presencia.
- Escríbele una carta: Decir lo que no se dijo, agradecer, contarle cómo estás. Escribir ordena emociones y da alivio.
- Reúnete con hermanos o familia cercana: Compartir anécdotas convierte el dolor individual en memoria colectiva. Y en esas historias, ella sigue viva.
- Crea un pequeño altar o rincón de recuerdo: Con fotos, objetos o flores. No como un símbolo de pérdida, sino de continuidad.