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Vesta: el asteroide con una montaña más alta que el Everest
Con unos 530 kilómetros de diámetro, Vesta alberga una montaña de hasta 22 kilómetros de altura y conserva pistas sobre el origen del Sistema Solar
Por Ángeles Núñez | 14 Julio 2026
Aunque el Sistema Solar alberga millones de asteroides, pocos resultan tan llamativos como Vesta, considerado el asteroide más grande desde que Ceres fue reclasificado como planeta enano en 2006.
Además de sus dimensiones, destaca por albergar una de las montañas más altas conocidas del Sistema Solar.
De acuerdo con la NASA, Vesta se localiza en el cinturón principal de asteroides, entre las órbitas de Marte y Júpiter, y concentra cerca del 9% de la masa total de esa región.
¿Cuánto mide Vesta?
El asteroide tiene un diámetro aproximado de 530 kilómetros, una distancia similar a la que separa a la Ciudad de México de Guadalajara en línea recta.
Por su tamaño y características, fue uno de los principales objetivos de la misión espacial Dawn, que lo orbitó entre julio de 2011 y septiembre de 2012 para estudiar su superficie, composición e interior.
Los científicos consideran que Vesta es un auténtico "fósil" del Sistema Solar primitivo, ya que conserva información sobre los procesos que dieron origen a los planetas rocosos hace más de 4 mil 500 millones de años.
La montaña que supera al Everest
Uno de los descubrimientos más importantes de la misión Dawn fue el gigantesco cráter Rheasilvia, ubicado cerca del polo sur del asteroide.
En el centro de esta cuenca de impacto se levanta una montaña de entre 20 y 22 kilómetros de altura, lo que representa más del doble de la altura del monte Everest, cuya cima alcanza los 8 mil 849 metros sobre el nivel del mar.
Los investigadores consideran que esta formación surgió tras un enorme impacto ocurrido hace aproximadamente mil millones de años.
La colisión creó un cráter de cerca de 500 kilómetros de diámetro, equivalente al 95% del tamaño del propio Vesta.
Un cuerpo casi planetario
Vesta posee una característica poco común entre los asteroides: cuenta con una estructura interna diferenciada en corteza, manto y núcleo, similar a la de los planetas rocosos como la Tierra.
Los especialistas creen que comenzó a formarse apenas uno o dos millones de años después del nacimiento del Sistema Solar. El calor generado por materiales radiactivos permitió que su interior se fundiera, separando los materiales más densos hacia el núcleo y los más ligeros hacia la superficie.
Por esta razón, muchos científicos lo consideran un protoplaneta, es decir, un cuerpo que inició el proceso de convertirse en un planeta, pero cuyo crecimiento se detuvo antes de completarse.
Además del cráter Rheasilvia, Vesta presenta otras enormes estructuras geológicas como el cráter Veneneia, de unos 400 kilómetros de diámetro, y el sistema de fosas ecuatoriales Divalia Fossa, cuya extensión supera la del Gran Cañón.
Estos impactos también originaron fragmentos que llegaron a la Tierra en forma de meteoritos de los tipos howardita, eucrita y diogenita, cuyo análisis ha permitido conocer mejor la evolución temprana del Sistema Solar.
Un laboratorio natural para la ciencia
Más de una década después de la misión Dawn, Vesta continúa siendo uno de los cuerpos más estudiados por la comunidad científica.
Su composición, su historia geológica y las evidencias que conserva sobre la formación de los planetas lo convierten en una pieza clave para comprender los primeros capítulos del Sistema Solar.
Gracias a las observaciones de la NASA, este antiguo asteroide sigue ofreciendo información valiosa sobre los procesos que moldearon nuestro entorno cósmico hace más de 4 mil 500 millones de años.