Turismo de guerra: entre la curiosidad y la polémica
Este tipo de turismo representa una forma de comprender la realidad más allá de las noticias, de mirar de frente el impacto humano del conflicto
- Por: Diego Olivos
- 08 Febrero 2026, 10:00
A lo largo del mundo surge un fenómeno poco conocido, pero continuamente practicado a pesar de los múltiples obstáculos que representa. Este fenómeno genera debates éticos profundos debido a su falta de “empatía” por los afectados directos y la expresión del capitalismo a su máximo límite. Se le llama: turismo de guerra.
Esta práctica, no realizada por pocos, se trata de recorridos guiados por zonas afectadas por el conflicto, monumentos improvisados, edificios dañados y espacios que narran la guerra desde una perspectiva civil.
Para algunos visitantes, este tipo de turismo representa una forma de comprender la realidad más allá de las noticias, de mirar de frente el impacto humano del conflicto y de apoyar económicamente a comunidades locales; para otros, es una actividad éticamente cuestionable que convierte el sufrimiento en una experiencia consumible.
Los operadores que ofrecen estos recorridos suelen defenderlos como ejercicios de memoria histórica y concientización; sus críticos, en cambio, advierten sobre el riesgo de trivializar la tragedia y normalizar la violencia como atractivo turístico.
No hay postura correcta, el turismo de guerra existe porque responde a una pulsión humana profunda, la necesidad de entender una desgracia histórica desde el territorio mismo, aunque ese entendimiento tenga un costo emocional y moral.
Visitando Ucrania
En este contexto, surge un destino popular, que muchos pensarían que no es visitado por los extranjeros, y que, sin embargo, ha atraído a casi 2.5 millones de personas desde el 2023, según datos oficiales de State Border Guard Service of Ukraine.
Se trata de Ucrania: una nación en guerra activa contra Rusia. La nación ucraniana había resultado fascinante para el turismo europeo hasta el año 2022, con sus ciudades históricas, arquitectura religiosa monumental, precios accesibles y una identidad cultural marcada por la resistencia y la memoria. Hoy, la atracción principal es la guerra.
A pesar del conflicto bélico, entrar a Ucrania es posible, aunque con condiciones muy particulares. El espacio aéreo permanece cerrado a vuelos comerciales, por lo que el acceso se realiza generalmente por tierra desde países vecinos como Polonia, Eslovaquia o Rumania. Trenes y autobuses internacionales siguen operando hacia ciudades como Kiev.
No obstante, la mayoría de los gobiernos, incluido el de México, recomiendan de manera explícita no viajar a Ucrania bajo ninguna circunstancia.
Las alertas consulares son claras: existe riesgo constante de ataques aéreos, bombardeos con drones y misiles, interrupciones de servicios y dificultades graves para recibir asistencia consular en caso de emergencia.
¿Un mexicano puede viajar a Ucrania?
Para los ciudadanos mexicanos, se requiere visa para ingresar a Ucrania. El trámite debe realizarse antes del viaje y exige, entre otros requisitos, pasaporte vigente, comprobantes de solvencia económica y un seguro médico internacional con cobertura amplia, idealmente que contemple riesgos asociados a conflictos armados.
En términos económicos, viajar a Ucrania hoy no es barato. A pesar de que el país históricamente ha sido accesible, a los costos habituales de un viaje a Europa se suman traslados terrestres adicionales, seguros más caros y una logística compleja.
Un presupuesto conservador para una estancia corta puede oscilar entre $30,000 y $50,000 pesos, sin contar imprevistos ni actividades especiales.
La pregunta más delicada es también la más directa: ¿existe peligro real de morir al viajar a Ucrania? La respuesta es incómoda pero honesta: sí.
Aunque hay regiones relativamente más tranquilas, como el oeste del país, ninguna zona está completamente exenta de riesgo.
Kiev, la capital, ha sido blanco de ataques intermitentes. Las alertas aéreas forman parte de la vida cotidiana y los refugios antibombas siguen activos.
Viajar a Ucrania hoy implica aceptar que el riesgo no es hipotético ni remoto, sino constante e impredecible.
¿Qué lugares se visitan pese a todo?
Aun en este contexto, algunos viajeros llegan motivados por razones culturales, periodísticas, humanitarias o personales. Las visitas suelen concentrarse en zonas urbanas relativamente más estables y con alto valor simbólico.
Kiev sigue siendo el principal punto de interés, no solo por su historia milenaria y sus catedrales, sino por haberse convertido en un símbolo de resistencia contemporánea. Leópolis, en el oeste, conserva una vida cultural más activa y una arquitectura de inspiración centroeuropea que atrae a visitantes.
Odesa, con su centro histórico frente al mar Negro, continúa siendo relevante, aunque su situación es más frágil.
Más que turismo recreativo, lo que ocurre hoy es una experiencia de memoria, observación y testimonio.
Entonces, ¿es recomendable viajar a Ucrania?
Desde una perspectiva estrictamente turística, no. Ucrania no ofrece hoy las condiciones mínimas de seguridad que se esperan de un destino convencional. Desde una perspectiva humana, política o periodística, la decisión se vuelve más compleja y profundamente personal.
Viajar a Ucrania en 2026 no es una escapada, ni una aventura, ni una experiencia ligera. Es una elección que implica riesgos reales, dilemas éticos y una confrontación directa con la guerra contemporánea.
Tal vez, más que preguntar si Ucrania está lista para recibir turistas, la pregunta correcta sea otra: ¿estamos nosotros preparados para viajar a un país que aún lucha por sobrevivir?
Porque hoy, más que un destino, Ucrania es un testimonio vivo de las peores decisiones del ser humano, una mirada a la tragedia convertida en resistencia.

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