Petróleo a Cuba, nueva presión de Trump que involucra a México
La ofensiva de Trump contra Cuba coloca los envíos de petróleo mexicano como un foco de tensión regional, con riesgos políticos y diplomáticos para México
- Por: Salvador Maceda
- 28 Enero 2026, 05:00
Después de la captura de Nicolás Maduro se detona una segunda línea de tensión que puede escalar con rapidez en América Latina, el cerco energético contra Cuba y el mensaje de que Washington no tolerará más oxígeno petrolero para La Habana por parte de México.
En ese tablero, los embarques de crudo y combustibles desde México se convierten en un punto vulnerable, con costo político, financiero y diplomático.
Trump endureció el discurso y sugirió que Venezuela ya no enviará petróleo ni dinero a Cuba, además de pedir a la isla que haga un acuerdo con Washington.
Miguel Díaz Canel, presidente de Cuba, respondió con un portazo, negó que existan conversaciones con Estados Unidos y redujo los contactos a discusiones técnicas sobre migración.
Esa tensión bilateral pone a México frente a una pregunta incómoda: ¿hasta dónde puede sostener los envíos de hidrocarburos a Cuba, justo cuando Trump usa la energía como termómetro para medir posturas en la región?
La advertencia desde Washington
El analista estadounidense Richard Downie, con trayectoria militar en cooperación de defensa para el hemisferio occidental y académico en seguridad regional, plantea que el cambio de fase con Trump es de fondo, no un episodio aislado.
En entrevista, Downie lee el caso Cuba como un efecto directo de la reconfiguración regional tras la caída de Maduro y el control sobre el petróleo venezolano.
Advierte que Cuba ya estaba en crisis económica y con problemas severos de electricidad, y que el recorte del flujo desde Venezuela agrava la presión social y política sobre la isla.
Es en ese contexto donde aparece México. Cuando se le pregunta por los embarques mexicanos a Cuba, Downie coincide en que el país debe prender alertas. Su argumento se apoya en la lógica de la nueva estrategia “trumpista”.
Estados Unidos busca volver a ser el poder predominante en el hemisferio occidental y tratar la región como esfera propia de influencia.
Downie lo lleva más lejos. Dice que el repliegue de normas y el regreso a una lógica de poder abre la puerta a que el más fuerte imponga reglas en su zona.
En ese marco, los embarques de petróleo a Cuba se convierten en una señal sensible que puede ser interpretada como desafío o como apoyo a un objetivo contrario a Washington.
Su advertencia tiene un remate práctico, si el envío es legal no hay problema, si no, México entra a una zona de alto riesgo.
El problema es que Trump está construyendo una agenda regional de dos llaves: cárteles y energía. Downie lo expresa de forma clara al hablar de las amenazas a México, Colombia y el propio tema Cuba, y al ubicar el discurso como parte de una política de predominio hemisférico que regresa a lógicas antiguas.
Samuel González Ruiz, experto en derecho internacional y extitular de la Unidad Especializada en Delincuencia Organizada en la antigua PGR, refuerza este enfoque de prudencia desde una lógica de advertencia regional.
El también excolaborador de la ONU en programas contra el terrorismo plantea que, ante la detención de Maduro, el mensaje para Latinoamérica es contundente: "no se metan"; una advertencia cuyas consecuencias podrían alcanzar a México.
Sobre Cuba, su lectura es directa, los embarques de petróleo también pueden formar parte del paquete de presión, porque cortar el flujo sirve para someter a la isla. Y agrega un elemento que eleva el costo político, si México está regalando prácticamente petróleo, esa conducta puede convertirse en una pieza más del tablero de advertencias.
Cuba responde con soberanía y cierra margen de maniobra
Si La Habana no acepta negociar en los términos que Trump sugiere, la Casa Blanca puede buscar resultados por otras vías, y la energía es la herramienta más directa. Ahí es donde los embarques mexicanos se vuelven relevantes, no por su volumen absoluto, sino por su valor simbólico y político en un momento de presión.
José Antonio Newman, especialista en prevención de riesgos, y que tuvo en el pasado diversas responsabilidades jurídicas en Pemex, advierte que hay dos puntos que suben la temperatura del tema. Primero, plantea que lo peor que puede hacer México es dejar pasar los pronunciamientos y creer que no va a ocurrir nada, porque a la larga algo puede suceder si no se toma en cuenta la advertencia.
Segundo, en el capítulo energético, Newman habla sin rodeos de la señal que podría estar enviando Washington: dejen de mover petróleo, dejen de financiar con petróleo.
Y coloca la pregunta más explosiva para una investigación de fondo, sin afirmarla como hecho, si el combustible llega a Cuba, ¿quién garantiza cuál es el destino final? Newman plantea la hipótesis de que Cuba podría ser tránsito hacia otros lugares.
En la era Trump, el frente Cuba y petróleo puede convertirse en la segunda gran palanca de tensión con México, junto al narcotráfico. Downie sostiene que las amenazas no son retórica aislada, sino parte de una política que busca predominio hemisférico y que ya impacta a aliados democráticos.
Más allá del debate político, el asunto está documentado en reportes corporativos y coberturas internacionales. Pemex incrementó sus envíos de crudo a Cuba en 2024, con exportaciones realizadas por su filial Gasolinas de Bienestar y cifras asentadas en un informe anual presentado ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos.
De acuerdo con ese reporte, se enviaron 20,100 barriles diarios de crudo y 2,700 barriles diarios de productos petrolíferos, con un valor estimado de US$600 millones, y Pemex pasó de tratar los envíos como donaciones a registrarlos como ventas comerciales.
En esos estados financieros se registra la operación y se identifica a Gasolinas de Bienestar como el vehículo corporativo utilizado para las exportaciones a Cuba.
En ese contexto, el envío de hidrocarburos a Cuba queda ya registrado como operación formal en los estados financieros de Pemex ante el regulador bursátil de Estados Unidos, con Gasolinas de Bienestar como vehículo corporativo y con una clasificación de ventas comerciales. Con el endurecimiento de Trump y la presión energética sobre La Habana, ese flujo coloca a México ante la necesidad de actuar con cautela y claridad, porque puede abrir un frente adicional de tensión con Washington, además del narcotráfico.
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