Recuerdo que hace dos años, casi religiosamente, suspendí mi clase para poder ver la histórica primera ceremonia de la guía Michelin en nuestro país. Recuerdo también cómo dejó un agridulce sabor de boca, al ver el poco reconocimiento que había tenido nuestro estado.
Luego vino más polémica sobre quiénes habían sido ignorados por los inspectores. Ya les había platicado en su momento que, al menos en la ciudad, había un restaurante ignorado.
También hablamos en este espacio de la difícil posición en la que se habían colocado al poner en un mismo nivel la experiencia que se vive en restaurantes como Koli o Pangea con los primeros tacos en recibir una estrella.
Un año después, volví a sintonizar la ceremonia. Ese año, llegó el reconocimiento para Eduardo García, uno de los ausentes de la primera edición en cuanto a las estrellas.
En nuestra ciudad, los mismos restaurantes con su estrella, permanecieron con ella. Crecimos en cuanto a las recomendaciones, eso sí, aunque de manera algo taciturna y dejando aún a algunos restaurantes ausentes. Debo decir que sentí que la ceremonia en sí no tuvo la misma solemnidad.
Y luego, llegó la tercera edición de la ceremonia. Díganme sacrílego, pero esta tercera me la perdí. Les podría decir que estaba en una junta (que es cierto), pero también, se me escapó completamente de la mente.
De cualquier forma, las noticias no tardaron en llegar. Nuevos territorios se sumaron a la guía, y con estos siete nuevos restaurantes con estrella. La mayor parte de los nuevos restaurantes que recibieron su primera estrella fueron de los nuevos territorios: dos en Jalisco y tres en Yucatán.
Los demás fueron en la Ciudad de México, es decir, que nuevamente nos quedamos con nuestras dos estrellas.
Como siempre, la polémica no tardó en llegar. Me encontré con publicaciones que criticaban a quienes se premió, las omisiones, la validez de sus juicios y hasta la presencia de la guía misma en la ciudad.
Una de las que más me llamó la atención, sin embargo, fue una publicación que comentaba la “democión” de la taquería “El Califa de León”, la primera taquería en haber sido galardonada y que, en su lugar, se le otorgó una estrella a una taquería de mayor ticket promedio.
Me quedo con la decepción de que aún faltan algunos restaurantes en ser reconocidos y con el gusto de ver a tantos amigos y conocidos entre los que entraron o se mantuvieron en la guía.
Es difícil opinar sobre el tema sin que parezca un juicio al trabajo de los miles de cocineros de nuestro país, que, para bien o para mal, no tienen la culpa de la opinión de los inspectores.
Algunos de sus juicios pueden parecer incomprensibles, y pienso que quizás la hermeticidad que antes les defendí ahora me parezca algo que les juega en contra.