El 21 de julio de 1998, mediante una minuta de acuerdo entre la SEP y el SNTE, se estableció como prestación que dichos trabajadores no docentes debían de gozar de asueto o día feriado precisamente el 21 de julio. En ese entonces era presidente de la República Ernesto Zedillo y la maestra Elba Esther Gordillo Morales se desempeñaba como secretaria general del SNTE, mejor dicho, como presidenta del Comité Ejecutivo Nacional del SNTE. ¡Ah caray!
¿Desde entonces? Así es. Recordemos que ella asumió la dirigencia nacional en 1989 y fue derrocada en 2013 durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.
El punto era reconocer a este magno personal que, con su jornada laboral, hace posible que el hecho educativo se complemente. Es decir, sin la labor de secretarias, auxiliares de intendencia, técnicos, auxiliares de laboratorio, prefectos, almacenistas, contralores, etcétera, no se concluiría satisfactoriamente la jornada educativa diaria, ya que son ellos quienes propician un clima laboral estable, de orden, limpieza, atención a alumnos con necesidades especiales y demás actividades que realiza el conjunto de trabajadores que integra la plantilla de personal de una institución educativa de organización completa. Honor a quien honor merece.
A nivel internacional este festejo se realiza el 16 de mayo; sí, un día después del Día del Maestro. No hay plantel educativo en el mundo que no tenga personal de apoyo. Hay trabajadores profesionales, técnicos y no profesionales. Sin embargo, sin discriminación alguna, todos son vitales e indispensables. No solo necesarios, sino indispensables. Sí, señor. La historia y su quehacer hablan por sí mismos.
Figúrense una escuela sin intendentes o sin secretarias; una secundaria sin contralores, prefectos, trabajadores sociales o auxiliares de laboratorio.
¿No creen que entrarían en un gran desorden y caos administrativo? ¡Claro que sí! Estos trabajadores “son la alegría de la fiesta”, razón por la cual también merecen atención, estímulos, capacitación y, sobre todo, RESPETO. Es lo menos que se les puede ofrecer.
Hablando de derechos sindicales, su voto y su voz vale tanto como la de los docentes. Resulta que en el país existen muchos de ellos que aceptan la responsabilidad de dirigir una delegación sindical o un centro de trabajo. Y, me consta, en algunos casos lo hacen igual o mejor que muchos maestros.
Enhorabuena que a ellos les proporcionen estímulos económicos por años de servicio, en etapas de cinco en cinco años. Asimismo, celebramos con orgullo que se les brinde uniforme a las secretarias y a los auxiliares de intendencia, generando, repito, orden y pulcritud. Pero ¿qué pasa con su superación profesional? Del mismo modo, ¿qué ha pasado con la retrógrada carrera administrativa? ¿Por qué ya no se les proporciona “de manera automática” una plaza de maestro a aquellos que estudian para tal actividad profesional? Nadie piensa en ellos.
Lastimosamente, muchos directores no aceptan este día como asueto bajo el argumento de que la autoridad educativa no lo contempla en el calendario escolar. O bien, porque no les da la gana; así de simple.
Este día, aquí en México, siempre cae en periodo de vacaciones mayores. Un sector le denomina receso escolar; para el caso es lo mismo, aunque los juristas extremos cuestionen esta postura: son vacaciones.
Para solucionar su desatención se requiere una intervención directa que transforme de fondo su profesionalización, superación y capacitación; la educación mexicana lo exige y lo reclama. En este punto, no más discursos con doble trasfondo; son imperiosas acciones positivas de hondo calado para contribuir en la educación integral de nuestra niñez y juventud mexicana. El personal de apoyo y de asistencia educativa también trabaja, vale y vota. La verdad como es. Se tenía que decir y se dijo. Hasta la próxima.
P.D. Próximamente abordaré el tema sobre el jet que, según se comenta en redes, utiliza el secretario nacional el SNTE, maestro Alfonso Cepeda Salas.
