Dadas las recientes y belicosas manifestaciones expresadas por los diferentes actores políticos en torno al presupuesto, que dicho sea de paso, han dejado expuesto los diversos intereses en la naturaleza propia de sus particulares prioridades, hoy y cansados de tanta rebatinga “grillística” de primer nivel, ocuparemos este espacio en un tema mucho más importante y determinante para la felicidad y la vida personal de cada uno de nosotros: el amor.
Y no es que uno sea experto en ese tema, pero en el trajín de vivir la vida en estas épocas modernas donde el acelere, las carreras, el corre y corre que no se detiene ante el diario trajinar, muchas personas han encontrado la válvula de escape a los males ocasionados por el estrés a través de la, muchas veces hueca autoestima y la falsa sonrisa, el chiste tonto, la simple sonsera, la camaradería o empatía ligera de relacionarse como una forma de vida en “el socialitos” virtual de las “redes” y ante esto, le pregunto yo a usted estimado lector… ¿y dónde está el amor?
La lógica indica que sería, en principios de cuenta, hacerle esta pregunta al recién celebrado San Valentín, pero ese Santo en las épocas actuales, está tan ausente en el tránsito de nuestras vidas, que no sé si también haya dejado “la suspensión” en uno de esos mega baches de nuestras calles, esté “atorado” en el tráfico de nuestras vialidades o haya sido asaltado, “levantado”, “secuestrado” o “desaparecido” por la ola de inseguridad que hoy flota como el sarampión en nuestro entorno.
Desde que el que esto escribe goza del uso de razón, siempre ha pensado que el amor es un sentimiento natural del ser humano y el más genuino e íntimo de todos pues es él, el que marca la etiqueta personal de cada persona y es el que se supone, a través de él, se le da amorosamente vida, contenido, fondo y sentido a la propia existencia.
Y es ese mismo sentimiento, con el que hemos sido dotados por naturaleza y que nos viene como quien dice, “de fábrica”, que como la batería le viene al auto, tiene que ser encendido y estimulado para que funcione correctamente y nos genere la armonía para poder transitar en este sinuoso pero a la vez hermoso camino que le llamamos vida.
En mis épocas, que no son muy lejanas, este sentimiento era estimulado a través del romanticismo de la armoniosa poesía a través de la música inspirada en las emociones de grandes y sensibles compositores que nutrían el alma y alimentaban el espíritu.
“Y con la pila cargada” de esa mágica inspiración, cualquier paisaje, rostro, sonrisa, actitud, aroma, situación o andar, podía destapar “el frasco de las esencias” para dejar salir del corazón, esos genuinos sentimientos hacia alguien en particular, entrando a la escena “Cupido” actuando como un verdadero francotirador con su certero flechazo.
Pero el amor genuino y verdadero entre los seres humanos, es cosa de dos, ni de tres o más, ni tan poco, de uno solo. “Cupido” utiliza arco y flecha y no metralleta y para que el amor funcione de verdad, los sentimientos deben de ser limpios, sinceros, auténticos, genuinos y transparentes entre dos personas para de ahí, irradiar ese sentimiento en su justa dimensión.
Pero el romanticismo de las bellas palabras y aquellas expresiones tan llenas de emoción que hacían vibrar el alma, hoy han sido desplazadas por la altanería, la grosería, la chabacanería, la calentura, la tragedia y las nuevas costumbres virtuales y noticiosas para estar al día, en el día a día de nuestras vidas.
Hoy la gente en lugar de abrazar con ternura y amorosamente a su pareja, abraza con una mayor intensidad la intimidad y los secretos mentales contenidos en las aplicaciones de su celular donde se puede dar rienda suelta para “encender” los sentimientos de manera virtual y crear un espectro “de amor” tan ligth, que no compromete en lo absoluto la libertad de poder hacer lo que se quiere y mucho más barato que una serenata, una cena romántica o un ramo de flores.
Y luego nos preguntamos por qué está cada vez más descompuesta nuestra sociedad, si es la familia la célula de ésta y día a día es más creciente el número de divorcios y a la vez, cada vez menos, el número de matrimonios.
Lo cierto es que, sin estimular el amor genuino y verdadero, no se puede aspirar a vivir para él. El dicho dice que no le puedes pedir peras al olmo y en esto del amor, también es así. El amor cuando es auténtico, se es a prueba de fracasos, se es fuerte, se es leal, se es entregado, se es incondicional, se es verdadero, se es absoluto, se es pleno y como consecuencia de todo ello estimado lector, se es, créame, inmensamente feliz, hasta la misma eternidad. Por ello estimado lector... ¡Que viva el amor de verdad!
Por hoy es todo, medite lo que le platico Estimado lector, esperando que el de hoy sea un reflexivo inicio de semana, por favor cuídese y ame a los suyos; me despido honrando la memoria de mi querido hermano Joel Sampayo Climaco, con sus hermosas palabras: “Tengan la bondad de ser felices”, nos leemos Dios mediante aquí el próximo lunes.
