El 26 de junio de 1927 se difundió por los diarios del país una noticia que confirmó un evento esperado: la aceptación formal del Gral. Álvaro Obregón para contender nuevamente por la Presidencia de la República para el periodo 1928-1932. La reelección presidencial no consecutiva estuvo prevista en la Constitución tras una apresurada reforma promulgada a principios de 1927, después de haber ocupado la silla presidencial de 1920 a 1924. Pocos días después, se llevó a cabo en Monterrey una convención para constituir un partido político que promoviera su candidatura, la cual fue presidida por el Lic. Aarón Sáenz Garza, quien para esta fecha era candidato a la gubernatura de Nuevo León. Veámoslo a continuación.
El 10 de junio de 1927, el excanciller había asumido la dirección de la Liga de Partidos Obregonistas en la Ciudad de México, cargo que aceptó por considerar “un deber de todos los revolucionarios y de los ciudadanos que honradamente se interesan por las cuestiones políticas encauzar los trabajos a favor del Gral. Obregón, por significar, en mi concepto, la mejor y más amplia garantía de unificación revolucionaria, por ser la persona que dará mayor respaldo a los intereses políticos y morales de todo el país”.
El 2 de julio de 1927, a las nueve de la mañana, se llevó a cabo en el Teatro Independencia la convención a la que asistieron 395 delegados de los diferentes clubes esparcidos en los 49 municipios con que contaba Nuevo León, además de representantes de la Unión Revolucionaria de Coahuila y el Partido Social Fronterizo de Tamaulipas. Los trabajos iniciaron con Sáenz Garza al declarar inaugurada dicha convención. El secretario de la misma, el Lic. Román Garza Salinas, pasó lista de presentes, anotando las delegaciones que se habían presentado de última hora. Posteriormente, el Lic. Sáenz elogió la actitud de los delegados de los diversos clubes, “quienes acudieron al comité trayendo el pleno convencimiento de que asistirán a la edificación de algo que se traducirá en beneficio para el estado y que sería una garantía para los intereses colectivos”.
Manifestó que la organización del nuevo partido no significaba la desaparición de las agrupaciones existentes, “sino fortalecerlas para que todas ellas llenaran su cometido y pudieran contrarrestar los procedimientos de centralismo usados hasta hoy y que determinaron que en algunos pueblos se fundaran partidos regionales para desligarse de la tutela que sobre ellos se ejercía, coartándoles sus derechos, ya que las designaciones —algunas veces las de diputados y otras hasta las de alcaldes— se las imponían desde Monterrey (…)”.
“La formación de un partido fuerte quizás sea el único medio para afrontar todos los problemas que se presenten dentro de la mayor equidad y justicia; sobre todo, será el primer paso que se dé hacia una organización que garantice la paz y los intereses del público, en las más de las veces defraudados. Se ha visto prácticamente que la falta de organización de los partidos fuera de la capital trae continuamente el bochornoso espectáculo de que los candidatos a diputados federales que van provistos de su respectiva credencial, legalmente autorizada, sean guillotinados por los líderes que se constituyen en los supremos electorales, vulnerando la voluntad de los pueblos”.
“La formación de un gran partido será la mejor defensa contra las conveniencias que siempre prevalecen en el Senado y en la Cámara Federal, pues, conociéndose en México la fuerza de ese partido, difícilmente se podrá conculcar el voto de los ciudadanos. Si en todos los estados se formaran partidos de la misma magnitud, indiscutiblemente se llegaría a constituir un verdadero baluarte que contrarrestaría las maquinaciones de los bloques que predominan en las Cámaras y los que casi siempre imponen sus decisiones, sacrificando a los candidatos que no aceptan determinadas transacciones (…)”.
“En el Estado de México existe ya un gran partido que ha podido enfrentarse contra las maquinaciones de la Cámara Federal, evitando que se consuman esos actos bochornosos de contubernio que desprestigian a los representantes del Poder Legislativo. Con la formación del nuevo partido se evitará también que los representantes en la Cámara local sean individuos que no están identificados con los distritos que representan, pues en lo sucesivo responderán los diputados a las aspiraciones de cada uno de los pueblos”.
Explicó cómo quedaría la organización del nuevo partido: se designaría un Comité Directivo y un Comité Ejecutor; la fuerza de la agrupación radicaría en los municipios, donde a su vez existiría otro Comité Directivo, “el que libremente podría hacer la designación de sus autoridades, y solo cuando se tratara de la elección de gobernador o diputados se reunirían en convención en la cabecera de cada distrito”. El Comité Directivo Central radicaría en Monterrey, estando integrado por el presidente del gran partido y, como vocales, un delegado por cada municipio.
Se destacó que el nuevo partido no solamente actuaría en las campañas políticas, sino que intervendría en el desarrollo de la educación pública; para tal efecto, parte de sus fondos serían destinados a este rubro.
Finalmente, se designó la comisión que estudiaría el programa del nuevo partido, la cual tendría la obligación de rendir su dictamen por la tarde, en una sesión que daría principio a las 14:30 horas. La comisión quedó integrada por: Lic. Santiago Roel, Prof. Herrera González, Amado Saldaña, Arturo de la Garza, Dr. Amel Barocio, Marcelino Hinojosa y Antonio Martínez García.
Poco antes de las doce se suspendió la primera junta, debiéndose reanudar los trabajos por la tarde para aprobar el dictamen referido, nombrar a los delegados municipales, elegir al presidente del nuevo partido y designar a los delegados de los diferentes partidos unidos. En dicha junta se conformaría el grupo político que habría de respaldar la candidatura del Caudillo de la Revolución para los comicios presidenciales del 1 de julio de 1928.
