Hace unos días, como parte de una tarea, me di el tiempo de leer el siguiente cuento del cual quiero contarles el día de hoy.
Se trata de ¿Dónde están las monedas?, escrito por Joan Garriga Bacardí, un relato breve pero profundamente simbólico que toca fibras sensibles relacionadas con nuestros vínculos más primarios.
Desde las primeras líneas, el cuento me invitó a detenerme, a leer con calma y a dejar que las imágenes hicieran su trabajo silencioso en mi interior.
Lo que más me llamó la atención es la metáfora de las monedas como aquello que recibimos de nuestros padres: la vida, la historia, las experiencias, las carencias y también los dones. Garriga no romantiza la crianza, pero tampoco la condena; simplemente la muestra tal como es.
Las monedas no son buenas ni malas, son las que nos tocaron, y eso confronta directamente la idea de que la felicidad depende de haber recibido “mejores” padres o una historia distinta.
Mientras avanzaba en la lectura, me di cuenta de cuántas veces, de manera consciente o no, buscamos esas monedas en lugares equivocados. En la pareja, en los hijos, en el trabajo o incluso en la terapia, esperando que alguien más nos dé lo que sentimos que nos faltó.
El cuento pone sobre la mesa una verdad incómoda: nadie puede darnos lo que no tomamos de nuestros propios padres, y seguir buscando afuera suele generar más frustración que alivio.
La figura del terapeuta en el relato me pareció especialmente poderosa. No es un salvador, no promete soluciones mágicas ni se coloca por encima del sistema familiar. Al contrario, reconoce con humildad que no tiene las monedas y que su tarea es ayudar a mirar con mayor claridad.
Esta postura, profundamente ética, recuerda que acompañar no es sustituir, sino facilitar que cada persona tome lo que le corresponde. Otro aspecto que resonó profundamente en mí es la idea de que rechazar a los padres, en el fondo, también implica rechazarnos a nosotros mismos.
El cuento muestra cómo el resentimiento, aunque parezca una forma de protección, termina convirtiéndose en una carga que limita el movimiento vital. Aceptar no significa justificar, sino reconocer la realidad tal como fue, para poder seguir adelante con mayor ligereza.
El relato también ofrece una lectura muy clara sobre las relaciones de pareja. Esperar que la pareja tenga las monedas es colocarla en un lugar que no le corresponde y condenar el vínculo a la exigencia y al desequilibrio.
Garriga recuerda que la pareja es un vínculo entre iguales, no un espacio para reparar heridas infantiles, y que cuando cada uno asume su propia historia, el amor puede fluir con mayor libertad.
Hacia el final, el cuento abre una puerta esperanzadora: cuando una persona toma sus monedas, puede caminar su propio camino con mayor firmeza. Aparece una fuerza distinta, más tranquila, menos impulsada por el resentimiento o la carencia.
Esta imagen me dejó pensando en cuántos conflictos personales y familiares podrían aliviarse si aprendiéramos a reconciliarnos con nuestro origen. En lo personal, ¿Dónde están las monedas? me parece un cuento que no busca dar lecciones morales, sino provocar reflexión y honestidad emocional.
Joan Garriga Bacardí logra, con sencillez y profundidad, recordarnos que no hay mejor punto de partida que aceptar lo que es, honrar de dónde venimos y, desde ahí, atrevernos a vivir una vida más plena y consciente.
