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Opinión

Del hambre feroz… a las porciones pequeñas

Crónicas de un comelón

Existe una nueva tendencia en los restaurantes, impulsada por satisfacer las necesidades de los comensales, que evitan platillos abundantes.

En el año 2017, la Administración de Medicamentos y Alimentos en los Estados Unidos, autorizó el uso de un nuevo medicamento para el tratamiento de la diabetes tipo 2: La semaglutida. 

Un curioso efecto del medicamento es la regulación del apetito. Esto provocó en 2021, que en el programa del Dr. Phil, le dedicaran un segmento en el que hablaban de cómo el tratamiento para la diabetes, podría ayudar a combatir la “epidemia de la obesidad”. 

En poco tiempo, las redes sociales popularizaron el medicamento y muy pronto, la compañía que lo produce, obtuvo una segunda autorización para comercializar una dosis más alta para personas que buscaban bajar de peso. 

A pesar de no ser el único medicamento de este tipo en el mercado, ya que había alternativas similares desde 2010, se convirtió en el tratamiento del momento. Aunque existía la versión específicamente diseñada para el control de peso, el alto costo de esta ocasionó que algunos doctores prescribieran la primera versión del medicamento. 

El crecimiento en la demanda de la versión original ocasionó que los pacientes de diabetes tuvieran dificultades para obtener sus tratamientos. 

Seguramente se estarán preguntando ustedes, ¿qué tiene que ver esto con la comida? Pues es muy sencillo, el efecto del medicamento es el control del apetito. La gente que se administra semaglutida, come menos, y de ahí su impacto en el peso. 

En diciembre pasado, la Universidad de Cornell, publicó un estudio en el que observaba que los usuarios de estos medicamentos, estaban gastando menos dinero en sus compras de supermercado y de comida rápida. 

Por esas mismas fechas, una empresa bastante importante de alimentos lanzó productos específicamente pensados, para los usuarios de estos tratamientos. 

A mediados de año, empecé a ver noticias sobre el impacto que este ha tenido en los restaurantes. Por un lado, el obvio descenso en las ventas, y por otro, el desperdicio de los platillos ordenados, aumentó por las porciones que ya no se pueden terminar los comensales.  

En Nueva York, los restaurantes comenzaron a ofrecer versiones reducidas de los platillos: Hamburguesas más pequeñas, platillos con una sola albóndiga en lugar de tres, menús más cortos, y en algunos lugares de mayor presupuesto, utilizan caviar para presentar un bocado con mucho impacto. 

Según una encuesta realizada por el Instituto Culinario de América, el 66% de los chefs están considerando adoptar esta tendencia y un 17% más, ya tiene menús de porciones reducidas en sus restaurantes. El beneficio comercial: Volver a atraer a sus comensales que dejaron de salir a restaurantes. 

Ojalá esta tendencia normalice los tamaños de porciones de los excesivos platillos que encontramos en el país vecino.

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