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Opinión

Protegidos

Crónicas de un comelón

Ayer me encontré con la noticia de que la miel de las abejas meliponas, del corredor maya, recibió desde el mes de mayo la Indicación Geográfica Protegida. Reconociendo el trabajo y las características únicas de esta miel única. 

Primero, ¿qué es una IGP? Una Indicación Geográfica Protegida es una protección legal para un producto vinculado a una región específica. Es algo similar a una Denominación de Origen Protegida, aunque es más flexible, ya que la DO suele contener más regulaciones sobre el proceso de producción y en ocasiones hasta del empaque. 

La historia de estas protecciones legales se remonta al siglo XV, cuando se emitió un documento parlamentario que protegía al queso Roquefort de imitaciones. Más adelante, en el siglo XVIII, Cosme de Médici decretó que solo se podrían producir vinos denominados Chianti en la región del mismo nombre. 

Unas décadas más tarde, Portugal haría lo propio con el vino de Oporto. En el siglo XX se establecerían las instituciones y normativas modernas de las denominaciones de origen, impulsadas en gran medida por la industria vitivinícola. 

La primera DO moderna la recibieron los vinos de La Rioja y, muy cerca, el queso Roquefort recibió la suya. A mediados del siglo XX se estableció el marco para extender esas protecciones a nivel internacional y se extendió a muchos más productos. 

En nuestro país, la primera Denominación de Origen la recibió el tequila a mediados de la década de los setenta. Este pudo presumir de ser la única DO mexicana por cerca de veinte años, hasta que se otorgó la segunda a otra bebida derivada de una agavácea: el mezcal. 

A partir de esta segunda denominación, el proceso ha sido mucho más rápido y en los siguientes veinticinco años se otorgaron 15 denominaciones más, entre las que destacan la vainilla de Papantla, el mango Ataulfo de Chiapas, el café de Veracruz, el arroz de Morelos, el chile habanero de Yucatán y el cacao de Tabasco en alimentos y la talavera de Puebla en productos no alimentarios.

La figura de la indicación geográfica nació a mediados de la década de los noventa, pero su adopción oficial por nuestras leyes llegó hasta 2018. 

Dos años después, se otorgarían las primeras IGP mexicanas, siendo el primer producto reconocido el café Pluma de Oaxaca. Al día de hoy, nuestro país cuenta con más de cincuenta productos protegidos con Denominación de Origen o Indicación Geográfica. 

Algunos de los productos que han recibido esta protección son las nueces de Parras, las muñecas Lele y Dönxu de Querétaro, los cítricos de Nuevo León, las piñas y limones de Veracruz y los aguacates de Michoacán. 

Recibir estas protecciones no solo refuerza la situación legal de los productos y quienes los trabajan, sino que también le da un reconocimiento a su valor ante el mundo. Son orgullo mexicano.

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